miércoles, 20 de noviembre de 2013
De petróleo, privatización y movilización
lunes, 12 de agosto de 2013
El petróleo mexicano ya es privado. Pero siempre puede ser peor.
viernes, 4 de noviembre de 2011
Empezó la cosecha pero no hay granos
sábado, 1 de octubre de 2011
Vive cuando debas vivir; muere cuando debas morir (Parte I)
No es fácil, y aún así discutir el tema es de lo más relevante. Quisiera hacer algunos apuntes, en tres textos distintos, sobre tres temas que tienen que ver con la vida y la muerte, si bien no necesariamente están relacionados. Se trata del aborto, de la pena de muerte y del suicido. Apuntes breves y cargados de opinión y subjetividad, como me gusta. Eso sí, los tres están más que contextualizados en la sociedad y la política mexicana. Tienen que ver con percepciones y realidades, con leyes y con prácticas. Vámonos pues.
Aborto. En México es ilegal. No nos engañemos, pues no significa que no se practique ni que haya partes del país donde esté permitido. Pero a nivel nacional no existe una disposición clara al respecto. No es legal, pero su penalización no es evidente (como lo es en otros países). El carácter federal del Estado mexicano permite que se pueda legislar al respecto en los estados. Eso es bueno y malo. Bueno porque permite que subentidades políticas tomen decisiones trascendentales y malo porque no hay homogeneidad nacional. Subjetivamente, diré que es bueno porque en el DF es legal y malo porque hay estados que lo penalizan. Además de eso, el asunto es más profundo porque invita a pensar en:
- Cuándo inicia la vida y cuándo termina. La vida biológica, como división celular, empieza con la concepción. La vida humana (sensorial, motriz, afectiva) empieza varios meses después –quizá todavía en la panza materna. La vida social empieza con el nacimiento o, aunque podríamos discutir si el vínculo que se establece entre el feto y su madre o su entorno no es ya vida social. En cualquier caso, la vida humana y la vida social no empiezan antes del tercer mes de embarazo. La vida termina con la muerte, así de sencillo. Si no hay vida, no hay muerte, y entonces no se llama aborto sino interrupción del embarazo (es como que una enfermedad interrumpa tu proceso de división celular en el páncreas; no mueres por tanto).
- Si valen más los derechos de una mujer que los de un cigoto (porque todavía no es feto). No lo creo: los derechos de la mujer (reproductivos, afectivos y sexuales) se complementan con sus propios derechos sociales (derecho a la salud, a un entorno digno, a buenos servicios). Cualquiera de ellos supera los derechos de un cigoto. El grave error de las legislaturas locales que determinan que la vida inicia con la fecundación es que no acompañan esa decisión de derechos jurídicos, humanos y sociales efectivos para el cigoto o para el feto. No estoy cayendo en el absurdo de que se le dé derecho al voto o se le obligue a pagar impuestos; hablo de derechos como la protección jurídica (más allá del aborto como “asesinato”, ¿qué hay del maltrato, la irresponsabilidad en el cuidado o la mala alimentación, por ejemplo), derechos de salud y entornos adecuados… No, estas leyes totalmente sesgadas no contemplan nada de eso y prefieren limitarse, escandalosamente, a buscar la penalización del aborto y el reconocimiento casi religioso de la vida desde la concepción sin pensar en las implicaciones de ello.
Más allá de que haya enormes fallas constitucionales (que si es prerrogativa de los estados o del país; que si se puede realmente legislar respecto de la vida y la muerte en la Constitución), lo importante es lo que social y políticamente significa este circo. La derecha (porque sí es, por lo general, un debate izquierda-derecha), argumenta estúpidamente que las madres que abortan deben ser castigadas porque están “matando” a una persona. Dicen también que los que defienden el aborto prefieren cuidar ballenas y arbolitos que proteger a los de su propia especie. También creen que las autoridades que promueven la despenalización del aborto incitan a que se haga, por lo que están invitando al “genocidio”, al asesinato y a la desmoralización del individuo, la familia y la reproducción humana. Todos esos argumentos están rondando por ahí –y hay muchos más.
La izquierda debe ser muy cuidadosa. Hay quienes estúpidamente también suponen que, como “un niño pobre, no deseado y que vive en condiciones de miseria tiene 90% de posibilidades de convertirse en criminal, entonces hay que abortarlo”. No. El aborto no es ningún mecanismo preventivo de la defensa del crimen o la inseguridad. El aborto es tan importante y tan sentimentalmente complejo que no se puede tomar así a la ligera.
Finalmente, la discusión sobre el aborto es totalmente idiota por una simple razón: los seres humanos vivimos en comunidades políticas que llamamos Estados y gobiernos. Éstos deben garantizar igualdad de derechos, oportunidades y condiciones materiales de vida a todos los ciudadanos, a la vez que todo se desarrolle en un ambiente de verdadera libertad. Por eso, el aborto, sencillamente, debe ser legal y todos los esfuerzos deben dirigirse a promover que las mujeres y sus parejas elijan LIBREMENTE si quieren abortar o no. La información debe ser abundante y la libertad total. De lo contrario, se pueden cometer muchos abusos. Pero lo importante es que esté permitido hacer una cosa o la otra. NO ES LO MISMO si hablamos de asesinato, robo o violación, precisamente porque es un hecho que los cigotos NO gozan de derechos políticos ni sociales y tampoco tienen, creo, condiciones humanas. No digo que sean monstruitos, o infrahumanos: sólo digo que pesan mucho más los derechos de las mujeres y las parejas, así como las consideraciones reales respecto de cómo será la vida del infante no deseado, con padres no preparados y en situaciones adversas y precarias.
No se trata, por lo tanto, de discutir públicamente si el aborto es moral o no –eso lo podremos discutir buena onda entre cuates, con familia y pareja, incluso en ciertos foros académicos y públicos, pero no desde el Estado. Es, al contrario, una práctica médica que debería ser totalmente legal, como cualquier otra. Y la decisión, que tomará en cuanta todas las consideraciones de las que ya hablé y muchas más, tendrá que ser respetada.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Breves Apuntes sobre Palestina. Crónica de una declaración fallida y anunciada
Hace varias semanas que la diplomacia y la prensa internacionales analizan la posibilidad de que la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su sesión inaugural de 2011 este 23 de septiembre, reconozca formalmente la existencia del Estado palestino, limitado a sus dos inconexas regiones de Gaza y Cisjordania. La verdadera esperanza de Mahmud Abbas, presidente de la autoridad palestina, es que sea el Consejo de Seguridad quien apruebe y reconozca la creación del Estado; si lo hace la Asamblea General, el reconocimiento informal será una garantía, pero no la oficialización de Palestina como el 194° miembro de la ONU, al respecto de lo cual es el Consejo de Seguridad quien tiene la última palabra.
Estados Unidos, en voz del mismo Obama, ha dicho explícitamente que no reconocerá ninguna propuesta unilateral de creación del Estado palestino, por miedo a que ello congele las negociaciones con Israel. Por otro lado, EU no quisiera verse en la penosa necesidad de ser el único país que vete la propuesta en el Consejo de Seguridad, lo que adjudicaría toda responsabilidad a Washington; por ello, la mancuerna con Londres será imprescindible. Desde su propia trinchera, Israel ha iniciado una extensa campaña de desprestigio a las expectativas palestinas, acusando a Abbas de irresponsable e intransigente. En más de una ocasión, Israel ha dicho que, de aceptarse en Naciones Unidas la independencia palestina, dejará caer todas sus responsabilidades y obligaciones respecto a tierras palestinas.
De todos modos, la independencia absoluta de Palestina no está garantizada. La unidad política entre Gaza y Cisjordania parece tan difícil como la unidad territorial y las presiones del conservador gobierno israelí no permiten que las negociaciones avancen por otro lado. Los palestinos, por otro lado, ya votan por sus autoridades, pero no así por un verdadero gobierno nacional. El estímulo que provocaría una declaración de reconocimiento internacional por parte de la Asamblea General (sin mayores implicaciones reales) podría, contrariamente a como piensa EU, favorecer una mejor disposición palestina para las negociaciones. Falta esperar que Israel haga otro tanto.
| Es evidente que Estados Unidos ha sido un cínico e ignominioso actor en el juego. Israel, mucho peor. La decisión de la Autoridad Palestina de buscar el apoyo de la Asamblea General es un recurso final que no llevará a nada, pero hay que reconocer (y nadie en EU ni en Israel lo hace) que es mil veces mejor hacer ese tipo de apuestas -aunque fallidas de inicio- que llamar a una tercera intifada, a una alzada generalizada contra el invasor israelí y los abusos y explotaciones que la comunidad internacional permite. Palestina no será un Estado libre ni soberano pronto, aún si cuenta con el apoyo de 130 países en Naciones Unidas, básicamente porque el sistema internacional es antidemocrático, jerárquico e injusto y sus instituciones favorecen el cínico control de las grandes potencias por encima de los países menos favorecidos. Un punto más para Israel, uno más para la injusticia; como siete puntos extras para la decida, unos diez para la mierda internacional y, por supuesto, goliza en contra del pueblo palestino y de los millones de individuos solidarios alrededor del mundo. |
sábado, 23 de julio de 2011
Justicia: la nueva zanahoria de la Unión Europea
Originalmente, este articulín salió en www.loshijosdelamalinche.com, pero por buena onda me dieron chance de copiar y pegarlo acá.
Crecer irresponsable y desmesuradamente jamás fue un objetivo de la Unión Europea; las fechas de integración a este selectivo grupo son siempre una ocasión histórica, planeada con años de antelación y preparada hasta el mínimo detalle. Después del Reino Unido y Dinamarca, los años setenta y ochenta atestiguaron la entrada a la UE de muchos países restantes de Europa del Oeste y del Sur. En 1986, la Europa capitalista estaba, casi toda, integrada a los mecanismos económicos y políticos de Bruselas. Desde entonces, sólo ha habido tres fechas claves de bienvenida a nuevos grupos, tres en 25 años. La primera, en 1995, agregó a Finlandia y a Austria, países que, por una neutralidad comprometida, no pudieron agregarse al grupo durante la Guerra Fría. Nueve años después, en 2004, la ampliación europea logró un episodio sin comparación: diez países, ocho de ellos antiguos Estados comunistas (tres incluso ex repúblicas soviéticas), fueron integrados al club.
El proceso de debate y de preparación para agregar a estos diez países se concentró, sobre todo, en las reformas económicas estructurales que cada gobierno debió aplicar en los años previos a 2004. La cláusula de la gobernabilidad y democracia, también siempre presente (por eso tampoco Portugal ni España entraron desde el principio), fue blandida como una de las razones igualmente centrales. Es decir, la combinación de un sistema plural y democrático con una economía de mercado, abierta a los capitales extranjeros y convencida del librecambismo, fue un requisito esencial para el ingreso de estos diez países.
En 2007, Bulgaria y Rumania se agregaron a la lista. Ahí las cosas no fueron tan sencillas. A cuatro años de distancia, muchos argumentan que estos dos países “entraron demasiado pronto”, sin haber realizado las reformas políticas apremiantes. Ambos países sufren todavía por una fuerte corrupción e incluso por la presencia de bandas de crimen organizado que, quizá sin poner en jaque al Estado, sí asustan a los demás vecinos de la UE. Para no “cometer los mismos errores”, los demás Estados miembros de la UE definieron criterios más severos para las próximas candidaturas y echaron al suelo las esperanzas de países como Ucrania y Georgia que, con gobiernos ultraliberales y antirusos, soñaron con mucha libertad y sin mucha realidad con una entrada triunfal al club europeo.
Hoy día, sin embargo, se agrega un elemento también central a la lista de requisitos para inscribirse en el grupo: la justicia. No se trata sólo de justicia en los términos de transparencia y de combate a la corrupción; es justicia en los parámetros de los crímenes históricos contra la humanidad, contra ciertos grupos étnicos; es justicia respecto a la memoria histórica colectiva, a guerras civiles y a tragedias individuales que, sumadas, empañan horriblemente la historia reciente. Y estamos hablando, claro está, de los Balcanes ex yugoslavos.
Durante varias décadas la república socialista de Yugoslavia mantuvo cohesionados (y, hay que admitirlo, sin mayores problemas) a varios grupos étnicos, lingüísticos y religiosos que coexistieron en la prosperidad de quizá el sistema socialista más democrático de Europa. Pero la desintegración política y económica de la república, junto con un creciente fervor nacionalista violento, hundieron a la región en una guerra terrible que presentó algunas de las facetas más crudas de la realidad humana: el genocidio.
A doce años del fin de esa guerra (dieciséis o incluso diecinueve según el país en cuestión), las nuevas repúblicas balcánicas crecen con prosperidad y orden, nuevamente en una esfera cultural yugoslava, con nacionalismos relativamente moderados y sistemas de cooperación común. Hace falta conseguir una sola aspiración más: formar parte de la Unión Europea. Eslovenia, siempre adelantada a sus hermanas yugoslavas, logró el ingreso en 2004, adoptó el Euro en 2010 y se perfila como el país más rico, estable y dinámico de la región. En seguida, Croacia y Montenegro aspiran a una posición similar, fuertemente justificada por sus procesos democráticos y su pujante economía.
No obstante, esta vez haber cumplido con los deberes económicos no es suficiente para aspirar a una candidatura formal. En el caso particular de los Balcanes, un requisito esencial es responder a los esquemas de justicia europeos que, desde hace más de una década, intentan resarcir algunas de las heridas más profundas que provocó la guerra en los Balcanes. Así, Estados como los Países Bajos han insistido por que los mayores responsables de tales tragedias, todavía impunes en su mayoría, sean llevados a juicio ante las cortes internacionales. Para ello, evidentemente es necesaria la colaboración de los gobiernos ex yugoslavos. Su reticencia había sido clara, pero los aires han cambiado y las disponibilidades también.
En mayo de 2011, Ratko Mladić fue arrestado. Después de 16 años en “escondite”, el General Mladić fue encontrado por fuerzas de seguridad del Estado serbio en Belgrado, donde se supone que estuvo durante los últimos años. Responsable de la matanza de Srebrenica, en la que más de ocho mil bosnios musulmanes murieron a manos de escuadrones serbios de Bosnia, Mladić es buscado por la justicia internacional para ser acusado por crímenes de lesa humanidad y genocidio. Durante toda la década pasada, es muy posible que Mladić estuviera en Belgrado, protegido incluso por los servicios de seguridad del gobierno serbio.
Entonces, ¿por qué su sorpresiva captura? ¿Por qué hecha en colaboración entre los gobiernos de Croacia y Serbia? Sencillo. Belgrado reconoce, desde hace poco más de tres años (recordemos la captura de Radovan Karadžić en 2008), que los temas de justicia y de memoria histórica son cada vez más importantes para la Unión Europea. Desde esa perspectiva, el gobierno serbio de Boris Tadić ha sido muy hábil en jugar con esa carta: un amigo mío que vivió una temporada en Kosovo me decía: “es como si los serbios y los croatas tuvieran un sombrero mágico del que, cada que hiciera falta, sacaran un conejo con cara de criminal de la guerra”. En momentos cruciales –como lo fue el final del mes de mayo–, las autoridades serbias y croatas han sabido portarse a la altura de las expectativas de la UE. Por ejemplo, tan sólo seis días después de la captura de Mladić, los Países Bajos vetarían la candidatura de Croacia (recordemos que otorgar estatus de candidato debe ser una decisión unánime) e impedirían las negociaciones con Serbia.
Al límite de los calendarios y de los requisitos, Mladić apareció esposado y preso. Su traslado a La Haya, donde lo espera un largo juicio, fue inmediato. El gobierno de Tadić no exaltó, como lo hiciera su antecesor, un sentimiento patriótico-inocente al decir algo así como “aseguramos que Mladić era un infiltrado, un miembro del exterior –del gobierno de la época- que actuó por voluntad propia”. No. Tadić fue muy consciente de que la responsabilidad, actual e histórica, era de Serbia. Su discurso reconoció que Mladić era un general de gran importancia en el ejército serbio de Bosnia entre 1992 y 1995 y, aunque no dijo que había sido protegido por el Estado serbio, tampoco lo desmintió.
Es así que la Unión Europea formaliza una serie nueva de requisitos de entrada: cumplir con las expectativas de justicia europea, además de liberalizar la economía y democratizar la política. No es una zanahoria inefectiva, como lo demuestran los últimos acontecimientos en los Balcanes. Y tampoco es suficiente para obtener el ingreso, como bien lo saben macedonios y bosnios que, habiendo también entregado antiguos líderes militares a la justicia internacional, se encuentran todavía muy lejos en el proceso de candidatura para entrar al club. Por lo pronto, Croacia entrará –quizá en 2013- y Serbia seguirá relativamente pronto si sigue por el buen camino. Otra palomita en la boleta serbia es la suavización del tono usado hacia Kosovo (país cuya independencia no reconoce todavía, pero que al menos ya no habla de su ilegitimidad). Ese es, sin embargo, otro tema.
lunes, 16 de mayo de 2011
Estratégicos mis...
Hay, creo, dos errores muy, muuuuuy comunes en el ámbito periodístico, la comentocracia y los análisis académicos y de coyuntura baratos. Ambos tienen que ver con cuestiones internacionales y ambos son terriblemente recurrentes. Lo son tanto, que incluso yo me he sorprendido, en no pocas ocasiones, cayendo en las falacias de las que al ratito les contaré.
El primer error, muy común a mi juicio, pero que es mucho más inocente, pero que denota también cierto desconocimiento profundo del tema en cuestión, es el de los gentilicios. Es muy común toparse con esos pequeños errores que, al final de cuentas, a nosotros nos vienen importando nada, pero el individuo que se siente aludido es capaz de poner el grito en el cielo e indignarse. Hay unos tan comunes que se volvieron norma aceptada; hay otros que se imponen jerárquica pero subliminalmente hasta el punto en que no los notamos más; los hay que son sólo para fregar. Y por supuesto que, muchas veces, muestran sólo nuestra propia ignorancia al respecto. Ahí van algunos.
--No, los americanos no son sólo estadunidenses (o, mejor dicho, los estadunidenses no son los únicos americanos). Este es el más conocido, choteado, criticado y, después, ignorado de todos. Del río Bravo para abajo puede indignarnos, pero incluso nuestra gente es capaz de decirnos “bájale, mano, es una palabra que usan desde el siglo XIX: todo mundo entiende a qué se refieren”. O el clásico, “pues si se llaman Estados Unidos de América, ¿por qué no decirles americanos? La precisión histórica, en esos casos, no está de más. Antes de que pasaran cuatro décadas de la conquista española en el México de hoy, un tal Américo Vespucio ya estaba mapeando la región con rigor renacentista. El Continente se llama así por él (así como Colombia por Colón, no por el inspector Columbus –les recomiendo a don Rodrigo Adelantado de Carreras, cortesía de Les Luthiers, inspirador de la Rodrigombia). Los EUA se colgaron de lo de “América” porque fueron los primeros en independizarse (palomita), y al poco rato consideraron que el continente entero podía pertenecerles, aun en sentido figurado (tache). Sí, América es UN continente (y no son “The Americas”, como insisten algunos periodistas extranjeros para hacernos enojar). Que exista o no más allá de la geografía es otro cantar (nadie se pone tampoco de acuerdo si Turquía y el Cáucaso son Europa o Asia; al menos en nuestro Hemisferio los límites de América quedan muy claros). Y los estadunidenses son eso, ESTADUNIDENSES (sin diptongo para que suene mejor). La palabra no existe en inglés (Usian les molesta), ni tampoco en la gran mayoría de los idiomas. Pero en español sí y es importante usarla (básicamente porque es correcta). También existe en francés, para los exquisitos: étasunien/enne.
--No, no hay tal cosa (o ya no hay tal cosa) como el Reino de Inglaterra o la Reina de Inglaterra; Inglaterra es una nación, quizá un país si somos flexibles, pero no es un Estado. No hay tal cosa como delegación inglesa en los juegos olímpicos, ni parlamento inglés ni nada de eso. El Estado se llama Reino Unido y el gentilicio correcto es británico. Cuando decimos “inglés” queriendo hablar de lo “británico”, automáticamente excluimos a los escoceses, galeses e irlandeses del Úlster.
--Israelíes e israelitas no son lo mismo. El segundo es un término de la época bíblica y se refiere al pueblo de Israel de antaño. Los Israelíes son los nacionales del actual Estado de Israel. También es muy común confundir a los judíos con los israelíes, cuando más bien sería correcto empatarlos con los israelitas. Hoy día hay muchísimos judíos que no son israelíes y varios israelíes que no son judíos. El caso es que el opresor de Palestina es el Estado israelí, no el israelita (ese no existe como tal, aunque Israel sí sea un Estado judío. Complicado, ¿no?).
--Ahora que todo mundo habla de Brasil, que los ojos se posarán sobre el Mundial 2014, que Lula es héroe mundial y todo eso, es bastante común decir que “los cariocas están en todo”. Si así fuera, diríamos que el éxito reciente de Brasil es resultado de la benevolencia del Cristo de Corcovado. Nel pastel. Los brasileños son eso, brasileños; los cariocas también son brasileños, pero sólo de Río de Janeiro. No es de a gratis que se habla de la rivalidad entre paolistas y cariocas (Sao Paolo vs. Río).
--Aquí admito que siempre peco por comodidad (que no por ignorancia). ¿Quién chingados habla de neerlandeses, sobre todo en español? Nadie, lo sé. Pero técnicamente es el término correcto si nos referimos a los de la naranja mecánica. Holanda es sólo una de las provincias del Reino de los Países Bajos (Nederland) y los holandeses viven en Ámsterdam y ya. Está feo decir “los neerlandeses hablan neerlandés”, pero es correcto.
--Yo creía que aquí les iba a mostrar un error común, pero me doy cuenta con humildad que viví equivocado: siempre pensé que los hindúes eran exclusivamente los practicantes del hinduismo y que los indios eran todos los habitantes de la India (sin importar su religión). Pues resulta que el término hindú es válido tanto para referirse a la gente que vive en la India como los que practican tal religión. Eso no le quita validez al término Indio, al menos en español. Pero bueno, yo vivía en el error.
--El último que se me ocurre es evidente. Árabe no es igual a musulmán ni viceversa. Creo que está de más profundizar al respecto.
El segundo punto del que me interesa hablarles, y que espero sea un poquitín más interesante, remite a una sensación que ha crecido en mi desde que estudio "asuntos del mundo". No importa qué lea, no importa acerca de qué país o región lea, siempre, SIEMPRE, resulta ser que cualquier pedazo de tierra, cualquier esquina de la Patagonia es "un lugar geográficamente estratégico". Resulta que Alaska, Somaliland, Kamchacta y Borneo son lugares estratégicos. Siempre que fulano país se mete en los intereses de zutano, decimos que es porque zutano es geográficamente estratégico. Cada que hay una guerra, una batalla o lo que sea, lo importante es saber cuáles son los lugares estratégicos.
Pero, ¿estratégicos en qué sentido? Lo cierto es que definirlo es complicado. Por un lado, lo estratégico es aquello que se entiende como vital, importante definitorio. "Ghana tiene recursos estratégicos para la industria Nigeriana". Digamos que lo estratégico, en un caso así, es relativo y cambia de país en país, de percepción en percepción. De lo estratégico, sin embargo, lo más común es escuchar que algún terruño es geográficamente estratégico. En principio, se trata de regiones y territorios que sean importantes para vigilar a otra región, para patrullar ciertos mares, para despleguar cierto poderío con facilidad. En la práctica, sin embargo, cualquier península, cualquier escollo en altamar, cualquier coluna suficientemente eleveada y cualquier región por la que pase un gasoducto, un cable de luz o una carretera de tierra es "geográficamente estratégica".
Les pongo ejemplos. En los últimos 10 años, la cobertura mediática de TODOS los conflictos que han ocurrido en el mundo hace énfasis en el caracter estratégico de cada lugar. Afganistán, estratégico por la encrucijada entre Asia Central, el Sur de Asia y el Medio Oriente; Tajikistán y Kirguistán, cruciales y estratégicos por que por ahí llegan los víveres de la OTAN para los combatientes en Afganistán; Irak, estratégico por ser la vieja Mesopotamia (y por el petróleo, claro).