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miércoles, 5 de agosto de 2009

A mí me gustan estos

Hace ya un rato que quería publicar esto.
Decidí que les platicaría cuáles son mis 12 discos favoritos.
Hago, primero, una aclaración: no incluyo música clásica ni jazz ni algo así. Lo que me importa para hacer esta pequeña lista no es sólo la calidad musical (claro, muy importante) sino la impresión que tengo de que un disco está bien estructurado, esto es, que las canciones guardan una relación con la precedente y la siguiente y que los estilos se respetan y complementan. Por eso la novena de Dvorak no entra acá, primero que nada porque cuando la compuso nunca pensó que acabaría en un disco.
También debo aclarar que no están en orden (sería imposible).
También deben saber que elegí discos que no necesariamente son buenos en términos musicales, pero que significan algo para muá.
Pensé que no mencionaría Compilaciones ni "Best Of" porque no son discos planeados así por el artista o el grupo: por lo general son arreglos que se hacen en función de la recepción que tuvieron ciertas canciones entre el público. Discos como las mejores canciones compiladas de Cat Stevens, Led Zeppelin, Bob Dylan, Mano Negra o The Police, artistas que me gustan mucho, no formarán parte de la lista.

¿Listos? Menos mal porque, de una forma o de otra, debería poder crear cierta expectativa por este post, pero me temo que no será así... en fin.

Pink Floyd - Atom Hearth Mother. La música es simplemente excelente y me encanta. Sé que a pocos se les ocurriría decir que es el mejor disco de esta banda, pero a mí no me importa.
Zebda - Le Bruit et l'Odeur. Quizá pocos de entre ustedes conozcan a esta banda. Son franceses, de orígenes distintos, que hacen música "alternativa", "hippie" o "worldbeat". Lo que más me gusta de este disco es el grado cómicocrítico que se advierte en cada rola. Además, la música me gusta muchísimo.
The Red Hot Chili Peppers - Californication. Aunque debo admitir que nunca me he decidido por elegir EL mejor disco de esta banda (una de mis favoritas), Californication es el primer disco que compré con mi dinero (a eso de los once años en 1999). Me costó la totalidad de mis ahorros (creo), pero valió la pena. Ese disco es, simplemente, excelente.
Radiohead - Ok Computer. Igual que con los Red, de Radiohead me cuesta un guevo elegir el mejor disco. Pero este es quizá el que más se acerca a cumplir los requisitos de coherencia y consistencia entre cada rola. El todo es, realmente, la suma de sus partes (hay discos donde eso no sucede). Se merece un premio.
Joan Manuel Serrat - Mediterráneo. Aunque crecí con él por tratarse de una joya de mis padres, no me dí cuenta de cuánto me encantaba hasta bien entrada la prepa. Canciones tan simples y a la vez tan significativas son difíciles de encontrar, sobre todo reunidas en un mismo disco.
Idir - Identités. Bereber argelino, Idir es un ícono de la música norte-africana, tanto en bereber como en francés. Este disco es excelente, no sólo porque conjuga canciones de temas muy similares (el grupo, la colectividad, la identidad compartida, la solidaridad), sino porque cada canción es una mezcla entre el estilo de Idir y el de algún artista de tonos muy distintos. Manu Chao, Maxim le Forestier, Zebda y otros participan en él.
Joaquín Sabina - 19 días y 500 noches. Creo que queda claro, ¿no? Es un disco de gran calidad lírica y musical. Es poesía aguardentosa.
The Beatles - Magical Mistery Tour. Es el LSD hecho música. Nunca he probado esa droga (ni se me antoja), pero me queda claro que gracias a ella los Beatles pasaron a ser una de mis bandas favoritas: sus niñerías de los "early sixties", sin ser malas, son a veces muy simples. A partir de Rubber Soul, pero sobre todo con MMT, los Beatles maduraron. Además, las rolas me encantan.
The Beatles - Sargent Pepper's Lonley Hearts Club Band. Es igual, 1967 y psicodelia. Además, el disco termina con la mejor canción de los Beatles, una de mis rolas favoritas de todos los tiempos: A Day in the Life.
Pink Floyd - The Dark Side of the Moon. Claro que este disco es sublime. La conexión entre las canciones es la espina dorsal del álbum y me parece que es uno de los mejores logrados de la historia. Además, me encanta.
Sanampay - Yo te nombro. El nombre del disco se lo da la canción homónima, un arreglo del poema de Paul Eliard por el gallego Gian Franco Pagliaro. Es muy, pero muy buena, y el disco rescata otras canciones, algunas populares, otras derivadas de poemas (como aquél de Atahualpa), todas ellas de excelente calidad. Yo te nombro, desde chico, me ha hecho llorar.
Yann Tiersen - Amélie Poulain. Es, como saben, la banda sonora de la película. De veras que no tengo palabras. La música me parece fabulosa y la película me encanta.


¿Y los de ustedes?


sábado, 7 de febrero de 2009

Franqueando abismos generacionales. Música



Pues bien, como les decía. Las similitudes generacionales a lo largo de la última mitad del siglo XX y la primera década del actual XXI son muy evidentes, sobre todo, en cuanto a la música.
Piensen, primero, qué tipo de música escuchan ustedes (ustedes son, si no me equivoco, individuos de mi misma generación (digamos, nacidos en la década de los 1980) que también escuchaban sus padres cuando jóvenes y que siguen escuchando. ¿Ninguna idea? !Cómo no¡ Apuesto doble contra sencillo a que la mayoría de sus padres, esporádicos lectores, escuchó Rock y Rock&Roll (en cualquiera de sus presentaciones), Trova, Canción de protesta, "Folk" y, claro está, la música que ponen en las fiestas (y de esa hay de muchos colores y sabores, no voy a enumerar). ¿Algunos nombres? Juan Manuel Serrat, The Beatles, Pink Floyd, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez... sí, hay una connotación gremial, de grupúsculo socio-económico, en todos esos nombres. No son, en ningún caso, música que reconozca siquiera un 30% de la población occidental-mexicana.
¿A qué se debe, pues, que mantengamos a través de los años los gustos musicales de nuestros padres? Me atrevo a formular dos posibles respuestas.

La primera es que la música la entendemos, también, como un medio de identificación social. Solemos relacionarnos con gente que esgrime opiniones similares a las nuestras, y eso incluye a la música. La música es, por tanto, una herramienta que también utilizamos (ay de nosotros!) para diferenciar entre grupos sociales y para posicionarnos dentro de uno u otro (pueden ser varios). Así, en una sociedad globalizada pero muy mexicana, como la de el DF, hacemos especulaciones tales como que el rock indie mexicano (Zoe, la Gusana Ciega, Los bunkers, etc) es fresa, pero fresa que evade la monotonía Pop y que gusta, también, del nuevo Rock británico comerical (Franz Ferdinand, The Kooks...)... o que el Rock urbano lo escuchan los dones ya mayores que siguen usando greña larga, botas hasta la rodilla y pantalones con parches de El haragán, Trolebús o los Ángeles del infierno. (Nosotros mismos acuñamos términos como "chica Manu chao y banda-silviorodriguez). Además, solemos definir nuestros gustos en una línea que, por lo general, es una continuación de la de nuestros padres. En términos de edad, no hay concierto más variopinto que uno de The Doors, de Pablo Milanés o de Luis Miguel. Podemos definirnos, muchas veces, en el entorno social en el que -creemos que- nuestros padres se definieron. Así, yo sé de varios que conocimos a Sabina a través de nuestros padres y nos sentimos muy orgullosos al cantar las canciones con nuestros amigos e imaginamos que nuestros padres hicieron lo mismo; podemos llegar a tal grado de negar un especie de "potencial sabinesco" en cierta gente a la que, pensamos, nunca le gustará Sabina porque no forma parte de su pasado ni de su presente.

La segunda respuesta tiene que ver, básicamente, con una revolución cultural sucedida entre la década de 1950 y la de 1970. Por eso les decía anteriormente que tenemos más cosas en común con nuestros padres que ellos con los suyos. Esta revolución culutral inicia, en el mundo burgués y occidental, como resultado de varias cosas: Primero, un hartazgo de las modalidades bélicas del pasado (a nadie se le olvidarán dos guerras mundiales y un holocausto en cosa de 30 años); las generaciones del Baby Boom y la de los niños nacidos durante la segunda Guerra Mundial tendrán, casi por regla general, una repugnancia a las manifestaciones violentas. Una prueba es, sin duda, el movimiento hippie de los años sesenta.
Otra causa de esta revolución cultural es, sobre todo en Europa, el desarrollo de un modelo asistencial, responsable y desarrollista de Estado democrático: el Estado de Bienestar. Tal modelo garantizó a todo europeo capitalista una gama de oportunidades para su desarrollo integral y colectivo que no se justificaban con "las herramientas para alcanzar la cima -discurso liberal estadounidense-" sino como parte de una responsabilidad social mayor; un sentimiento de solidaridad y éxito social que, en ese entonces, los europeos pregonaban con avidez. Esto permite un adelanto socioeconómico vital: crecen las clases medias y las clases trabajadoras alcanzan los niveles de aburguesamiento que Marx criticaba, lo que implica un mayor acceso a bienes de consumo, bienes culturales y a la infraestructura social y política de los Estados.
El tercer elemento es el 68. No sé cómo explicarlo, pero sé que es clave para apuntar esta idea. Las revoluciones del 68 (si las podemos llamar así) no eran de corte marxista-leninista o nacionalista o lo que sea; eran manifestaciones en contra de una cultura conservadora: se hablaba de liberalización de la sexualidad, de los espacios educativos; se hablaba del libre uso de drogas, del fin de las guerras imperialistas en cada rincón del mundo; no sé. Es un espacio muy breve pero condensado de la historia del siglo XX. Creo que es el reflejo de una juventud combativa que no afronta las inseguridades ni las obligaciones de los obreros, soldados o miembros de partidos de izquierda a principios de siglo. En Europa y EU, a los veinte años, en 1910, uno debía deslomarse en la fábrica o repartir panfletos del PCI para mantener a la esposa y a uno que otro hijo. En 1968, a los veinte años, uno cursaba una carrera en filosofía o en letras, vivía en casa de sus padres y jugaba futbol con los amigos en una cancha de pasto.... pero me desvío: la revolución cultural, musicalmente, imprime una nueva forma de relacionar a la juventud con la música (y ese es el punto que quería rescatar). Joan Baez y Bob Dylan significan casi lo mismo para los jóvenes de 1967 como para los de 2006 (o eso espero). Led Zeppelin y Jefferson Airplane son ampliamente conocidos hoy día entre los jóvenes que comparten esta similitud social y económica, pero, sobre todo, esta condición de "revolucionarios culturales".

Por supuesto que este debraye se limita a una fracción menor de la población occidental (no se diga de la población del Planeta). Es evidente que la mayoría de los jóvenes entienden la música de otra forma y la viven de otra forma (y viven con otra música). Pero este es el medio en el que he crecido (y creo que ustedes también), aunque, por supuesto, hagan falta varias precisiones.