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miércoles, 4 de junio de 2014

Veloces apuntes sobre una Copa del Mundo que favorece la Financializacón Indiscriminada de Fantasías Arrebatadas (FIFA).

"El mundo se paralizará durante un mes"; "medio planeta respirará fútbol"; "el deporte rey regresa, como cada cuatro años, para embriagarnos con toda la pasión y adrenalina".
¿Cuántas frases vacías, aberrantes y desprovistas de toda lógica y sentido común hemos escuchado y leído durante décadas? ¿Por qué insisten en humillar a los apasionados de fútbol con disparates así? La última vez que revisé, mis amigos fanáticos de fútbol no eran fanáticos de fútbol que casualmente se convertían en otra cosa; eran personas del todo comunes que tangencialmente son apasionados de fútbol. Es decir, se trata de gente que no necesita de ningún aparato mediático de proporciones hercúleas para gozarse una Copa del Mundo. Somos personas completamente cuerdas que nos dedicamos a las cosas más variopintas todo el año, incluso durante el Mundial, y que damos un tiempo extra para seguirlo con interés, pero nada más.

Pongo la mano en el fuego por los cientos de millones de futboleros que siguen este deporte no porque se los sugiere el Kraken mediático, sino porque les gusta y punto. ¿O acaso es tan difícil de creer? Es incluso un insulto y una burla a la racionalidad pública sugerir, con estruendo y platillo, que los políticos mexicanos, en su interminable hijez de puta, han decidido discutir pedazos de ley fundamentales precisamente durante los juegos de México durante el Mundial con el objetivo de aprovechar la distracción y embrutecimiento colectivo, y así evitar potenciales movilizaciones, periodicazos, disturbios callejeros y cuanta amenaza a su proyecto político pueda haber por parte del aguerrido pero apendejado pueblo mexicano. 

Y por eso ni me interesa emprender este viaje en esa dirección. Es como pelearse a ciegas con los gigantes conspiracionistas que llenan la opinología mexicana con fantásticos complots (cortinas de humo, siempre las malditas cortinas de humo), apoyando con sus disparates el mismo proceso de descomplejización que tanto ayuda a los intereses de las clases dominantes. Porque si el debate público se descomplejiza, tanto mejor para quienes tienen las riendas: se agranda el vacío entre el pueblo llano, de todos modos incapaz de comprender los difíciles procesos políticos, económicos y sociales, y la pequeña pero poderosa élite, representada como la única capaz de comprender lo que pasa. 

¿Y qué tiene que ver todo eso con el Mundial? 
Poco, pero lo poco que tiene que ver, es que a los seguidores del fútbol nos consideran, siempre, como idiotas faltos de una buena dosis de televisión y publicidad. Y que todo eso alimenta la gran rueda capitalista. Por eso es relevante lo que sigue sobre Brasil.

Veloces apuntes sobre una Copa del Mundo que favorece la Financializacón Indiscriminada de Fantasías Arrebatadas (FIFA). 

“Para ser congruentes con la realidad del país, la Copa del Mundo en Brasil debería jugarse en las favelas, no en los estadios de 8mil millones de Reais”.

Cabe la posibilidad que esta cita sea de hecho cierta, sólo que yo no la he encontrado todavía por ninguna parte. No me extrañaría, sin embargo, que fuese un reclamo generalizado (aceptando, claro está, que la idealización de las favelas es exagerada, y  que en su lugar podría hablarse simplemente de campos urbanos de fútbol, cualesquiera que sean sus condiciones -hasta podrían tener pasto y luces).

Pongámoslo en claro. Tal reclamo sería ligeramente anacrónico, y no porque ésa no sea en efecto la realidad brasileña, sino porque, simplemente, ninguno de los escenarios usados para Copas del Mundo en los últimos 84 años ha reflejado la verdadera realidad del país anfitrión. Algunos países más y otros menos, dirán algunos. Cierto pero irrelevante. El punto no es si la Copa del Mundo debe costar menos y si ese dinero deba ir a otros rubros (al final de cuentas, el gasto público brasileño para el Mundial de 2010 a la fecha[8 mil millones de Reais], equivale a 1% del gasto hecho en salud y educación durante el mismo periodo [825 mil millones de Reais]; no es ese 1% extra lo que transformará radicalmente la situación). El punto tampoco es uno de paridad intercontinental, o como quieran llamarle al principio de rotación de mundiales entre continentes (falta Oceanía, por cierto. Aussies, estén atentos a la posible pero improbable revocación de Qatar como organizador).
Tampoco es, como sugieren los realistas autodefinidos, un punto acerca de la inutilidad de permitir a países no tan ricos organizar un evento de tal calibre. No creo que Rusia esté en mejores condiciones socioeconómicas que Brasil, y sin embargo nadie ha dicho nada sobre 2018 (excepto, claro, que Rusia es menos desigual, y que quizá el embrutecimiento político colectivo que permite a Putin reelegirse ad nauseam atemperará los ánimos oposicionistas). México era más pobre en 1970 y en 1986 que el Brasil de ahora, y aparentemente nadie estaba en contra del Mundial (o quizá la amnesia colectiva sea eficaz en esta cosa y ahora a nadie le convenga recordar si en México había oposición mundialera). Cierto: hace 30 o 45 años organizar una Copa del Mundo no costaba lo mismo. Pero las implicaciones son similares en cualquier caso.

Como en los exámenes de la UNAM, no creo que la respuesta sea alguna de las anteriores (ni las tantas hipótesis más que corretean por la triple dobleú).
Creo que debamos explorar por otros senderos. Fundamentalmente, hay una racionalidad detrás de todo esto que parece escapar a la abrumadora mayoría de opinólogos. Hay un imperativo de generación y acumulación de riqueza que se traduce en todos los bodrios políticos a los que estamos asistiendo (incluyendo, insisto, lo que pudiera pasar con Qatar 22). Esa acumulación de riqueza es, casi por definición, sinónimo de concentración, y cuando es así, suele ser resultado de desposesión. No digo que haya individuos brasileños que hayan perdido “algo” material (una casa, tierra, un negocio) para efectos del Mundial (aunque algo de expropiación seguro que hubo); digo que las dinámicas económicas básicas para prepararse a un Mundial, desde la construcción de estadios hasta la parafernalia publicitaria, descansan sobre la explotación del trabajo y la extracción y acumulación de la plusvalía que éste produce, la exageración de las desigualdades socioeconómicas y el enriquecimiento de un puñado de emprendedores, contratistas e inversionistas (aka burgueses), pagadores de impuestos o no.

Es un lugar común decir que el fútbol es negocio, y que los Mundiales son el jackpot de algunos. Lo que es menos común es encontrarse con explicaciones lógicas de por qué es así. Siento que se tiende a simplificar la respuesta, sobre todo aduciendo que se trata de un evento de magnitudes épicas que necesita de toda una red de logística e infraestructura para ser exitoso. Eso es cierto, pero no por ser complejo o masivo debe necesariamente ser una mina de oro para una minoría, y un pein in di as para los muchos.  En ese sentido, claro que es cierto que los Mundiales cuestan mucho, pero no porque valgan mucho, al menos no en términos de su valor de uso. No es necesario construir estadios de punta con reglamentaciones de tecnología, higiene y confort más exageradas que los de una base espacial; tampoco es necesario gastar millones en publicidad (¿quién carajos no sabe que hay Mundial, contra quién juega su equipo o si lo pasan en el Cinco? ¿Lo demás es superfluo, y si realmente interesa, es fácil enterarse); y definitivamente es inútil gastar tantos millones en estratosféricos sueldos para una burocracia futbolera que, desde Ginebra, parece controlar las pasiones, calendarios y presupuestos de media humanidad.

Pero no es sólo por el precio final: es por la cosificación del fútbol, las playeras de mil pesos, los sueldos estelares, la despopularización del deporte como punto de encuentro (intenten pagar un boleto en algún estadio inglés y entiendan por qué “súbita e inesperadamente” ya no hay hooligans) y la cotización en bolsa de los equipos y jugadores como si fueran hedge funds (¿o ya lo son?). La cosificación del fútbol no es simplemente la avalancha de mercancías relacionadas al Mundial; es la manera en la que el deporte, y lo que le rodea, se ha insertado fabulosamente en las relaciones sociales de producción y consumo capitalistas. Y por eso no basta con sugerir con la tibieza de siempre que el fútbol podría volver a ser lo que fue una vez, es decir, no un negocio millonario. Esa es una ilusión reformista del mismo tamaño que pretender que dejar de consumir en Starbucks resolverá los problemas de millones de campesinos explotados. 
Por lo tanto, no es cierto que un Mundial sólo trae problemas al país que lo organiza. Depende desde qué perspectiva se mira. Pero lo importante es ser capaces de ver al menos dos cosas. 1) Que las cosas que estamos viendo hoy en Brasil no reflejan la manera en que se preparó este país para el Mundial, sino lo que significa el fútbol en la economía global hoy día. Y entenderlo es crucial para saber que, 2) las dinámicas económicas del capitalismo futbolero son exactamente las mismas que las de cualquier otro sector de la economía capitalista, y por lo tanto no nos desharemos de unas sin eliminar también las otras. Así como no existe un capitalismo humano, ya no existirá un fútbol de dimensiones mundiales con rostro humano, con ese carácter de fraternidad y colectividad que tiene, todavía, en micro espacios a lo largo y ancho del planeta. 

jueves, 1 de julio de 2010

"Al Mundial van siempre los mismos". Sí, pero no por eso hay menos sorpresas

En estas épocas mundialistas es muy importante sacar a flote el espíritu pambolero. Qué mejor si puede combinarse con el ocioso que todos llevamos dentro. Hay muchas evidencias de que sí se puede: algunos hacen parámetros futbolero-políticos, otros recuerdan cada momento en que un partido x en un Mundial Y se ha repetido ya en copas anteriores…El buen Pancho se puso a observar los lazos históricos que unen a cada participante de los cuartos de final del presente Mundial.
Pues nada, mi pequeña contribución a la lista es, en esta ocasión, estadística.

Resulta que solemos pensar que a los Mundiales van siempre los mismos países. Brasil, por ejemplo, no se ha perdido ni uno sólo. Países como Alemania, Argentina, México, Francia, Italia y los Estados Unidos han ido a más de ocho torneos. Todo ello tiene sentido, pues de cierto modo uno de los atractivos del Mundial es que reune a los mejores equipos del momento; no es lo mismo saber que habrá un Brasil-Países Bajos en cuartos de final que un Grecia-Corea del Sur en la primera fase. Imagínense qué sería de un Comoros-Andorra, o de una semifinal Estonia-Haití (y sin ganas, por supuesto, de minimizar a nadie... sólo les pido que me nombren algún famoso jugador sri lankés... ah, claro, ellos juegan cricket...).
Aún así, los procesos de selección y de calificación para un Mundial están lejos de ser aburridos. En 2002 los Países Bajos de quedaron fuera. En 2010, equipos que anteriormente han jugado realtivamente bien (Rusia, Turquía, Suecia, Senegal, Costa Rica, Bélgica) quedaron olímpicamente fuera. De todos modos, las variaciones, al menos en los últimos mundiales, no son tan grandes.

Conté a partir de 1998 por dos razones. La primera es porque fue el primer Mundial al que fueron 32 equipos y no 24 –y todo parece indicar que 32 será un número duradero. La segunda es que recuerdo cada equipo, cada grupo y casi cada resultado a partir de 1998, y así no tuve que recurrir a Wikipedia, por lo que los siguientes cálculos pude hacerlos en una clase aburrida que tuve.
La primera conclusión (básicamente la única), es que, aunque no hay tanta sorpresa en términos de qué países van a un Mundial, hay mucha mayor variación en las fases decisivas. Además, ésta es creciente: hay más variaciones en octavos que en la primera ronda; más en cuartos y más en las semifinales. Ahí les voy.

En los últimos cuatro Mundiales (a saber, Francia 98, Corea S-Japón 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010) hemos visto desfilar a 59 equipos. A razón de 32 equipos por copa, una variación de 100% implicaría que ya 128 países hayan pasado por las canchas mundialistas. Quítenle un par de números por eso de que antes el campeón aterior calificaba directamente y por el hecho de que en muchas ocasiones el anfitrión –que ahora califica sin más- asistió también al mundial anterior. Aún así, 59 equipos está algo lejos de los 125 o algo así que podríamos tener. En fin, si 128 es igual a 100% de variación, 59 equipos son sólamente 46.1% de variación. El número en sí no ejemplifica nada concreto por al menos dos razones. La primera es que dentro de algunos mundiales habremos soprepasado el número total de federaciones inscritas ante la FIFA, por lo que no podremos seguir hablando de una variación de 100%. La segunda razón es que ese 46.1% sólo significa que entre cada dos mundiales hay un “reciclaje” de 46.1% de los equipos, pero eso no implica que el reciclaje será parejo para todos cada cuatro años. Por ejemplo, el hecho de que Sudáfrica haya estado ahí en 1998, 2002 y 2010 implica ya dos “reciclajes” o variaciones (entre 2002 y 2006 y luego entre 2006 y 2010), pero sigue tratándose de un sólo país. Más bien, lo interesante de ese 46.1% es compararlo con lo que sigue.

Pues bien. En octavos de final (donde participan 16 equipos), la variación es mayor a 46.1%. Me parece que eso rompe con el sentido común: si lo siguiéramos, pensaríamos que ciertos países “nuevos” (piensen en Togo, Angola o Trinidad y Tobago del Mundial pasado) tienen ciertas posibilidades de pasar al Mundial, pero que éstas se reducen drásticamente cuando se trata de calificar a los octavos.
Pues no. De hecho, de los 64 lugares en octavos en los últimos cuatro Mundiales (16*4), hemos visto pasar a 33 equipos. La variación aumenta a 51.5%. No es mucho, pero ahí está la explicación para países como Eslovaquia o Noruega, que han ido a un sólo mundial de los últimos cuatro, pero uno les bastó para llegar a octavos.
La cosa se pone mejor, pues para cuartos de final, la variación aumenta a 59.3%. De los 32 equipos potenciales para participar en los últimos cuatro cuartos de final, 19 lo han hecho. Aquí entran los bonitos casos de Ghana, Senegal y Ucrania, por ejemplo.
Y en semifinales las sorpresas son mayores. Independientemente de los resultados de los cuartos de final de 2010, tenemos ya asegurado que, entre 1998 y 2010, once países han participado en Semifinales. Digo que los resultados no afectarán en nada, pues no importa quién gane del Ghana-Uruguay ni del Paraguay-España, pues en cualquier caso se tratará de un país que no ha llegado a semifinales en los últimos mundiales. Estos once países, son pues: Brasil, Países Bajos, Francia, Croacia, Alemania, Turquía, Corea del Sur, Italia, Portugal, Uruguay/Ghana y Paraguay/España. Once de dieciséis posibles es igual a 68.75% de variación.

Es así que queda explicado que, si bien “casi siempre pasan los mismos al Mundial”, siempre será una sorpresa saber quién llegará a Semifinales.

Eso sí. En cuanto a la final, es muy posible que la variación se reduzca drásticamente, de tal suerte que podamos decir que “al Mundial van casi siempre los mismos; al partirse la madre en la raya vemos muchísimas sorpresas, pero los campeones los podemos seleccionar de un puñado bastante claro”.

miércoles, 29 de abril de 2009

Lo mejor de lo mejor

Allá afuera está la epidemia de peste-cólera-influenza cochina y fiebre morada (peor que la amarilla). Debido a ella estoy en casa. Otros están muy preocupados por ella (y hacen bien) y comentan todo lo que ven con respecto a ella (como el buen Jordy). No podía ser mejor: en este instante el partido de semifinales de la UEFA Champions League 2008-09 entre el Arsenal de Londres y el Manchester United de... bueno, de Manchester, está en tele abierta (ayer, los culeros oligopólicos de Telerisa y Tvapesta no pasaron el del Barca-Chelsea... aunque según los resúmenes que rolaron en internet estuvo bien de la chingada).
El caso es que estoy disfrutando de un excelente partido. Muy veloz, muy movido, con muchos pases y jugadas enervantes (es puritito fútbol inglés, el mejor del mundo). Estoy contento porque hace un buen rato que no veía un juego tan bueno. Así que decidí, rápido, platicarles los partidos que, según yo, han sido los mejores que he visto en mi corta vida.

Primero, el primero. A los 5 años y casi 6 vi, en junio o julio de 1994 (no sé), el primer partido internacional que recuerdo (y que me gustó, aunque no por el resultado). Bulgaria le ganaba a México. Algunos días después recuerdo haber visto una final entre Italia y Brasil. Seguramente le pregunté a mi papá si los partidos del Mundial eran siempre tan malos y aburridos. Me contestó, creo, que no.
Luego, siendo yo un pequeño fanático del Club Toluca, me regocijé con los dos partidos de la final de Verano 1998 en México. Toluca y Necaxa se anotaron como doscientos goles cada uno en una feria de goles que a mí, a esos 9 casi diez años, me pareció sublime.
Pero lo mejor estaba por llegar. Pocas semanas después empezó el Mundial Francia 98. Recuerdo con mucho gusto el partido inaugural (Brasil 3-1 Escocia), el que según yo fue un gran juego (Bélgica 2-2 México), el que sí lo fue (México 2-2 Países Bajos), y la goliza que los Croatas le pusieron a los orgullosos alemanes en cuartos de final (3-0). Pero el mejor juego de ese mundial, según yo, fue otro de cuartos de final. Dinamarca Brasil, un juegazo de ida y vuelta con 5 goles (ganó Brasil 3 a 2) y excelentes jugadas.
En 1999 vi mi primera final de la Champions League (desde entonces no me la pierdo). En cosa de minutos, ya al final, el Manchester United doblegó al Bayern Munich hasta ganarle 2 a 1. Un juegazo. Ese mismo año, durante el verano, México le Ganó a Brasil 4 a 3 en la final de la Copa Conferedaciones. Ese juego no tuvo madre, aún después de ver 10 goles en un partido (en semifinales, Brasil derrotó 8 a 2 a Arabia Saudí).
El año dosmil trajo con sigo una buena copa europea. Nada como ese Francia-España en el que los galos destruyeron a los iberos antes de erguirse con la copa un par de días después.
Después quizá adquirí un gusto más selectivo, por lo que los partidos que considero sublimes son cada vez menos. Nótese la final de la UEFA entre Liverpool y Alavés que ganó el L'vpool 5 a 4.
Un Turquía 3-2 Corea del Sur por el tercer lugar del mundial 2002; un 2 a 2 (con penales) que ganó Portugal a Inglaterra en la Euro 2004; Un Pachuca-América en el que ganó el Pachuca (me acuerdo de un gol de Vidrio desde media cancha) que debió ser en el 2002 ó 2003, pero o recuerdo.
Hubo, después, un México-Argentina en la confederaciones 2005 (perdimos, pero después de un excelente trabajo), un Liverpool vs. A.C. Milan (3a3 con penales a favor de los beatles) que NO TUVO ABUELA. El mundial 2006 fue bueno, mejor que el anterior. Hubo un Ghana-República checa que ganaron los ghaneses (2-1) muy bueno; un Suecia-Inglaterra (2-2) y, en la fase final, el juego por el tercer lugar entre Portugal y Alemania (1-3).
La última Euro nos mostró un mega Rusia-Holanda (con una derrota espectacular de los anaranjados).
Y bueno, hace apenas 2 semanas, Chelsea y L'vpool empataron 4 a 4 en uno de los mejores juegos de la Champions.

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