jueves, 1 de julio de 2010

"Al Mundial van siempre los mismos". Sí, pero no por eso hay menos sorpresas

En estas épocas mundialistas es muy importante sacar a flote el espíritu pambolero. Qué mejor si puede combinarse con el ocioso que todos llevamos dentro. Hay muchas evidencias de que sí se puede: algunos hacen parámetros futbolero-políticos, otros recuerdan cada momento en que un partido x en un Mundial Y se ha repetido ya en copas anteriores…El buen Pancho se puso a observar los lazos históricos que unen a cada participante de los cuartos de final del presente Mundial.
Pues nada, mi pequeña contribución a la lista es, en esta ocasión, estadística.

Resulta que solemos pensar que a los Mundiales van siempre los mismos países. Brasil, por ejemplo, no se ha perdido ni uno sólo. Países como Alemania, Argentina, México, Francia, Italia y los Estados Unidos han ido a más de ocho torneos. Todo ello tiene sentido, pues de cierto modo uno de los atractivos del Mundial es que reune a los mejores equipos del momento; no es lo mismo saber que habrá un Brasil-Países Bajos en cuartos de final que un Grecia-Corea del Sur en la primera fase. Imagínense qué sería de un Comoros-Andorra, o de una semifinal Estonia-Haití (y sin ganas, por supuesto, de minimizar a nadie... sólo les pido que me nombren algún famoso jugador sri lankés... ah, claro, ellos juegan cricket...).
Aún así, los procesos de selección y de calificación para un Mundial están lejos de ser aburridos. En 2002 los Países Bajos de quedaron fuera. En 2010, equipos que anteriormente han jugado realtivamente bien (Rusia, Turquía, Suecia, Senegal, Costa Rica, Bélgica) quedaron olímpicamente fuera. De todos modos, las variaciones, al menos en los últimos mundiales, no son tan grandes.

Conté a partir de 1998 por dos razones. La primera es porque fue el primer Mundial al que fueron 32 equipos y no 24 –y todo parece indicar que 32 será un número duradero. La segunda es que recuerdo cada equipo, cada grupo y casi cada resultado a partir de 1998, y así no tuve que recurrir a Wikipedia, por lo que los siguientes cálculos pude hacerlos en una clase aburrida que tuve.
La primera conclusión (básicamente la única), es que, aunque no hay tanta sorpresa en términos de qué países van a un Mundial, hay mucha mayor variación en las fases decisivas. Además, ésta es creciente: hay más variaciones en octavos que en la primera ronda; más en cuartos y más en las semifinales. Ahí les voy.

En los últimos cuatro Mundiales (a saber, Francia 98, Corea S-Japón 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010) hemos visto desfilar a 59 equipos. A razón de 32 equipos por copa, una variación de 100% implicaría que ya 128 países hayan pasado por las canchas mundialistas. Quítenle un par de números por eso de que antes el campeón aterior calificaba directamente y por el hecho de que en muchas ocasiones el anfitrión –que ahora califica sin más- asistió también al mundial anterior. Aún así, 59 equipos está algo lejos de los 125 o algo así que podríamos tener. En fin, si 128 es igual a 100% de variación, 59 equipos son sólamente 46.1% de variación. El número en sí no ejemplifica nada concreto por al menos dos razones. La primera es que dentro de algunos mundiales habremos soprepasado el número total de federaciones inscritas ante la FIFA, por lo que no podremos seguir hablando de una variación de 100%. La segunda razón es que ese 46.1% sólo significa que entre cada dos mundiales hay un “reciclaje” de 46.1% de los equipos, pero eso no implica que el reciclaje será parejo para todos cada cuatro años. Por ejemplo, el hecho de que Sudáfrica haya estado ahí en 1998, 2002 y 2010 implica ya dos “reciclajes” o variaciones (entre 2002 y 2006 y luego entre 2006 y 2010), pero sigue tratándose de un sólo país. Más bien, lo interesante de ese 46.1% es compararlo con lo que sigue.

Pues bien. En octavos de final (donde participan 16 equipos), la variación es mayor a 46.1%. Me parece que eso rompe con el sentido común: si lo siguiéramos, pensaríamos que ciertos países “nuevos” (piensen en Togo, Angola o Trinidad y Tobago del Mundial pasado) tienen ciertas posibilidades de pasar al Mundial, pero que éstas se reducen drásticamente cuando se trata de calificar a los octavos.
Pues no. De hecho, de los 64 lugares en octavos en los últimos cuatro Mundiales (16*4), hemos visto pasar a 33 equipos. La variación aumenta a 51.5%. No es mucho, pero ahí está la explicación para países como Eslovaquia o Noruega, que han ido a un sólo mundial de los últimos cuatro, pero uno les bastó para llegar a octavos.
La cosa se pone mejor, pues para cuartos de final, la variación aumenta a 59.3%. De los 32 equipos potenciales para participar en los últimos cuatro cuartos de final, 19 lo han hecho. Aquí entran los bonitos casos de Ghana, Senegal y Ucrania, por ejemplo.
Y en semifinales las sorpresas son mayores. Independientemente de los resultados de los cuartos de final de 2010, tenemos ya asegurado que, entre 1998 y 2010, once países han participado en Semifinales. Digo que los resultados no afectarán en nada, pues no importa quién gane del Ghana-Uruguay ni del Paraguay-España, pues en cualquier caso se tratará de un país que no ha llegado a semifinales en los últimos mundiales. Estos once países, son pues: Brasil, Países Bajos, Francia, Croacia, Alemania, Turquía, Corea del Sur, Italia, Portugal, Uruguay/Ghana y Paraguay/España. Once de dieciséis posibles es igual a 68.75% de variación.

Es así que queda explicado que, si bien “casi siempre pasan los mismos al Mundial”, siempre será una sorpresa saber quién llegará a Semifinales.

Eso sí. En cuanto a la final, es muy posible que la variación se reduzca drásticamente, de tal suerte que podamos decir que “al Mundial van casi siempre los mismos; al partirse la madre en la raya vemos muchísimas sorpresas, pero los campeones los podemos seleccionar de un puñado bastante claro”.

sábado, 19 de junio de 2010

De cuando uno más uno debe ser igual a uno.

Hay quienes son mitad noruegos y mitad uruguayos; mitad japoneses y mitad australianos; mitad qataríes y mitad suizos. Bien por ellos, pues no sólo tienen dos nacionalidades, dos culturas y dos lenguas; tienen la gran ventaja de tener dos países que funcionan.

Yo tengo dos nacionalidades, dos culturas y dos lenguas, pero ninguno de mis países funciona. De México he hablado y hablaré en futuras ocasiones. Ahora, sin embargo, es importante que me desahogue acerca de la situación política belga: hubo elecciones el domingo pasado y fueron categorizadas como “históricas”, por el simple hecho de que, al parecer, de su resultado depende la futura unidad del país. Sí, sé que el tema es tan apasionante como el descubrimiento del menarotileno, pero no dejará de ser un asunto relevante para su servilleta, razón de sobra para que me explaye al respecto. No les prometeré nada, pero si tienen el aguante de leer lo que sigue, quizá aprendan algo nuevo sobre un país chiquitito (no más grande que el Estado de Guanajuato; no más poblado que Londres y todos sus suburbios) pero extremadamente complejo.

Quizá sepan ya que Bélgica tiene la (buena o mala) suerte de albergar dos grupos lingüísticos, dos comunidades culturales distintas. Al norte, la población flamenca habla neerlandés, mientras q
ue al Sur, los valones hablan básicamente francés (aunque hay todavía gente que habla valón, otro idioma latino ya en decadencia). Históricamente Bélgica siempre fue un conjunto de feudos, ciudades-estado y principados obispales que poco a poco fueron pasando a ser parte de botines de guerra y matrimonio de reyezuelos europeos de todos los rincones. Franceses, castellanos, austro-habsburgos, borgoñones, todos ellos lograron construir, poco a poco, una cierta delimitación geopolítica -basada inicialmente en una vieja provincia romana- que resultó casi viable como Estado después de las guerras napoleónicas. Pero los líderes Europeos que reorganizaron el continente después de Waterloo (justamente en Bélgica) pensaron, primero, que Bélgica bien podía ser parte del reino del los Países Bajos (¿y por qué no? ¡Si de todos modos son güeros todos!) Y, después, que mejor siempre no, porque resultó que esquivaron un pequeño detalle: los belgas (hablaran el idioma que hablaran) eran más bien católicos, mientras que los neerlandeses resultaron ser protestantes (no todos, pero sí los que gobernaban).
Así que por cuestiones de interés político, Bélgica nació con el beneplácito de las potencias para servir, sobre todo, de estado colchón. Para ello, Inglaterra dedicó un apoyo incondicional a la causa belga, como conseguirle un príncipe alemán que quisiera ser rey de un país nuevo (conocen la historia de Maximiliano, lo sé. No les sonará esto tan novedoso). Leopoldo I de Saxo-Coburgo y Gotta (esto es, pro
veniente de algún lugar de Alemania central), llegó a Bruselas en 1830 para convertirse en el primer Rey de los belgas. No importó que no supiera gran cosa sobre la región: bastaba con que hablase francés (toda la nobleza europea lo hablaba) y que tuviera aspiraciones mediocres (no era heredero de ningún reino ni gran principado).




(No es necesariamente "allons enfants de la patrie", pero le da un aire. Era el romanticismo de la época)




Durante el siglo XIX, las divisiones lingüísticas del país quedaron más o menos escondidas por una situación muy de moda: la importancia del francés como lingua franca. Por todo el continente las noblezas y las emergentes burguesías nacionales hablaban francés, cosa que facilitó las cosas en Bélgica, pues tanto la nobleza como la burguesía flamenca, relativamente más pobre que la valona, sólo podía integrarse al panorama político, económico y social del nuevo país si se desenvolvían en francés. Así, pronto la "homogeneización" lingüística de élite relegó a la mayor parte de la población flamenca, campesina y monolingüe en su mayoría. La industrial Valonia floreció económicamente durante las décadas siguientes y el francés se consolidó como la lengua del Estado belga. Algunas universidades, incluso estando en suelo flamenco, siguieron enseñando en francés; las colonias belgas en África eran administradas en francés (y ese fue el idioma que permeó, aunque todavía hay algunas personas en el Congo que hablan un perfecto flamenco).

Pero después de la Segunda Guerra Mundial las condiciones económicas cambiaron a lo largo y ancho de todo el país. En cuestión de una década, una importante clase media flamenca habíase consolidado en torno al empuje económico postindustrial, mientras que la riqueza en Valonia creció a ritmos menos sorprendentes. Muchos conflictos internos, desde los estudiantiles exigiendo la enseñanza en flamenco en universidades instaladas en Flandes, hasta las movilizaciones por la paridad lingüística en los servicios públicos evidenciaron la imperiosa necesidad de reconfigurar el Estado Belga. En 1971 (y luego en otras ocasiones durante las décadas siguientes), el gobierno central fue reconstituido en un pacto federal de lo más complejo: hay tres regiones federales (Flandes, Valonia y Bruselas Capital) que, grosso modo, definen el panorama económico y la infraestructura. En paralelo, coexisten tres comunidades, la francófona, la flamenca y la germana (porque hay 100,000 germanófonos en el Este de Bélgica) con competencias en salud y educación, por ejemplo. En Flandes, Región y Comunidad se sobreponen y colaboran. En Valonia, las fronteras son poco claras, pues la Región no incluye a Bruselas pero sí a los municipios alemanes, mientras que la Comunidad agrega a Bruselas pero no a las ciudades germanas.

Además de las justificadas críticas que flamencos hacen de los francófonos, del tipo “es que son unos flojazos que no quieren aprender nuestro idioma”, hay un elemento económico relativamente novedoso, pero clarísimo, que explica la crisis político-social actual. En el revés económico, ahora Flandes es la región más próspera y dinámica. Su industria, limpia y productiva, opaca al viejo mundo del carbón y del acero valón. Sus niveles de urbanización y planeación del espacio –por que tienen muy poco- son impresionantes y su disciplina como sociedad en ocasiones sorprende. (Un breve excursus sobre un cliché cultural: los flamencos son más “nórdicos”, mas bien emparentados con los neerlandeses: sobrios, trabajadores, tranquilos, eficaces… Los francófonos, más “latinos”, vendrían a ser más fiesteros, más relajados, menos productivos… Es un cliché exageradísimo –los neerlandeses van a Flandes a reventarse porque los bares cierran más tarde- y poco preciso –los valones son sujetos muy preocupados por el tiempo y por la eficiencia.)

Y claro, en un pacto federal, es la región más rica la que, por decirlo así, paga por el desarrollo de la región más pobre. Los flujos de capital, resultado de la recolección de impuestos en una región más productiva, favorecen a la región menos dinámica y provocan enojos bárbaros en Flandes. “¿Por qué debemos subsidiar el subdesarrollo valón?” es la pregunta más chocante –y muy común- que sale de los políticos norteños. Evidentemente, la pintura es exagerada: Bruselas sigue siendo la región que concentra y redistribuye más recursos y la diferencia entre Valonia y Flandes es, en ocasiones, imperceptible: el Este flamenco es relativamente pobre, muchísimo más que el próspero corredor valón que une a Bruselas con Luxemburgo, pasando por la petulante provincia del Brabante Valón. Pero en muchas ocasiones, las declaraciones políticas viscerales son las que inflan los orgullos, aun cuando son en cierto modo erróneas.

El factor de la disparidad económica y fiscal es importante, pero no es el único. Durante muchas décadas, los valones en general decidieron no aprender flamenco pues, al estar cobijados por la lengua francesa –más rica y expandida-, no había razón para adentrarse en un idioma tan poco usado. Por su parte, los flamencos solían aprender muy bien el francés, lo que crea tensiones evidentes. Ahora es más común que jóvenes de ambos lados se comuniquen en inglés, pero en general los flamencos siguen hablando mejor el francés que viceversa. Evidentemente, si todo mundo fuera bilingüe los problemas se atemperarían considerablemente: en todos los países hay regiones más pobres que otras, y no es la razón por la cual se pida separación política de forma seria y abrumadora (hasta donde yo sé, Nuevo León no se quiere independizar).

Las elecciones del domingo pasado y sus resultados fueron, como predicho, intensas. El sistema parlamentario de representación proporcional, tan eficaz en otros países, existe en Bélgica con una falla estructural radical: un ciudadano valón NO puede votar por partidos políticos flamencos, ni viceversa. La separación de partidos, y por ende la ausencia de partidos nacionales, no ha hecho mas que reforzar las tensiones políticas entre las regiones. Existen, evidentemente, liberales flamencos y valones; socialdemócratas flamencos y valones… pero sólo pueden jugar el juego de las coaliciones, no pueden unificar sus campañas ni sus partidos bajo una misma bandera. Las “familias” políticas (esto es, ecologistas valones y flamencos juntos, por ejemplo) no son tan firmes como se esperaría. Por ejemplo, en el gobierno saliente participaron los socialistas francófonos, pero los flamencos decidieron no entrar a la coalición.

Esta vez, el partido dominante en Flandes fue, desgraciadamente, un partido nacionalista, casi separatista y bastante liberal en términos económicos (y no necesariamente en términos sociales). Se llama N-VA (alianza flamenca nacionalista). No es la derecha radical –que en Flandes sí la hay y es peor- pero tampoco es un partido que pugne por la unidad del país. Y aunque en los sondeos previos, sólo 9% de los flamencos dijeron querer una separación, el domingo más de 25% votó por N-VA (y llega casi a 40% si sumamos todos los partidos nacionalistas o de extrema derecha). N-VA es ahora la mayor fuerza política del país, situación inaudita pues este mismo partido, hace tres años, no participó de forma independiente, necesitando del cobijo de los democristianos flamencos.

La buena noticia es que en Valonia el partido dominante resultó ser el Partido Socialista (que es más bien socialdemócrata). Su compromiso está con la unidad nacional, aunque muchos critican su incapacidad fiscal y, por lo tanto, auguran que cualquier gobierno en el que participen los socialistas fracasará por no poder resolver asuntos económicos. Sin embargo, el resultado socialista en Valonia es proporcionalmente mejor al del N-VA en Flandes, por lo que, tomando en cuenta las diferencias de población, ambos partidos llegan casi en paridad (un curul más para N-VA, lo que en principio le da prioridad para formar gobierno).

¿Compromisos? En una semana han pasado muchas cosas. El Rey, cumpliendo su función constitucional de poner la piedra de base a las negociaciones entre partidos, nombró un informador (que se puede convertir en formador) de gobierno y, ¡oh sorpresa!, resulta ser el presidente del N-VA, el señor Bart De Wever. Esto implica que De Wever muy posiblemente NO será primer ministro, lo que permite respirar al país. Así, aunque tendrán mayoría simple parlamentaria y, por lo tanto, en los ministerios federales, no es seguro que empujen a fondo sus proyectos separatistas. Además, de Wever ha cambiado su discurso en los últimos días, aduciendo a un nuevo pacto federal y dejando de lado los llamados separatistas (aunque debo decir que no confío en ese individuo, pues me parece un sujeto pérfido y rapaz. Demasiado derechista como para ser honesto).

El panorama se ve difícil, pero mejor de lo que se esperaba. Socialistas valones y nacionalistas flamencos deberán, en un matrimonio imposible, formar gobierno. La coalición es de lo más inverosímil porque los puntos en común son mínimos. Pero la carta del PS es, curiosamente, todo el equipo de partidos de medio pelo que podrán jugar en la coalición: la intención es negociar con los socialistas flamencos (muy disminuidos) y con democristianos y ecologistas de ambos lados. Así, estos 7 partidos configurarían un gobierno de tres “familias políticas” (socialistas, verdes y democristianos) porque, evidentemente, en Valona no hay un partido equivalente al N-VA flamenco. Pese a que será complicado gobernar entre siete, la ventaja reposa en la contención que las tres familias harán frente a los nacionalistas. Juntos, su mayoría es incluso de 2/3, todo lo necesario para jugar con la Constitución y modificarla. Si es así, el futuro de Bélgica podría ser nuevamente más o menos optimista.

A mi juicio, el primer gran resultado es la relegación de los liberales de ambos lados. La derecha liberal flamenca es la última responsable del fracaso del gobierno anterior (aunque sería injusto decir que lo fue a 100% pues también el Primer Ministro saliente es un idiota), mientras que los liberales valones son más bien ineptos para negociar y pactar con otros partidos, tanto en Valonia como en el Federal. Otro resultado positivo es que, por primera vez, la coalición federal podría ser una suma de los partidos que gobiernan en coalición regional, pues en Valona gobiernan verdes, socialistas y democristianos, mientras que en Flandes lo hacen los democristianos con los nacionalistas y los pocos socialistas que quedan. Eso facilita en cierta medida las cosas, pues son grupos de partidos que están trabajando en común y han aprendido a coexistir. El tercero es que este gobierno, a formarse a brevedad posible, estará listo para tomar la estafeta de la presidencia rotativa de la Unión Europea el 1ero de julio. Poniéndose las pilas, el nuevo gobierno belga recibirá todo el apoyo necesario de las instituciones europeas para mantenerse en su lugar. La UE no está necesariamente lista para enfrentar una división de un país en dos entidades confederadas DENTRO del pacto europeo. Y si sí está lista, no lo hará, pues eso pondrá en tela de juicio las largas dadas por Europa y por Madrid o Roma a las demandas de catalanes, vascos o lombardos.

Claro está que permanece la ironía de ver un partido nacionalista en el gobierno federal. Sin embargo, el arte de la democracia es el de limitar a las partes, no necesariamente el de unirlas. Así, quizá podamos respirar y pensar que nuestro pequeño país seguirá existiendo, al menos unos cinco años… incluso podrán ser más si Bélgica logra calificar a la próxima Eurocopa o Mundial, hacer algo relativamente bonito y contentar a la población.




jueves, 27 de mayo de 2010

Divídete y vencerás...ojalá




Tenemos que afrontar la inviabilidad de muchos Estados en el Mundo. Tenemos que soportar masacres, migraciones forzadas, pobreza crónica y desnutrición catastrófica porque, entre otras cosas, nuestras instituciones internacionales, basadas en parámetros y conceptos filosóficos y políticos que quizá han caducado, se niegan a dejar de guiarse por el principio de un Sistema Internacional compuesto por Estados. Peor aún, se niegan a aceptar que los principios que han defendido abiertamente en algunos sitios han sido bloqueados por estas mismas instituciones en otros lugares. Por diversas razones, los organismos mundiales aceptaron que las diversas nacionalidades de la Europa del Este y Sudeste hicieran de la ex-Yugoslavia y la ex-URSS un colorido y en ocasiones catastrófico mosaico. Sin embargo, la atomización en África por cuestiones étnicas o de otro tipo es prácticamente un tabú en las salas de grilla y cabildeo de estas poderosas (y no tan poderosas) instituciones globales. La respuesta ha sido siempre no. En Biafra, en el Kivú, en Somaliland, en Kurdistán, en Tamil-Sri Lanka... incluso en Palestina, la respuesta ha sido siempre no, niet, nein, jodéos.
Hoy convulsiono mis neuronas entorno a la situación en el Sudán. Por primera vez en África desde la descolonización, un país podría nacer en condiciones legítimas para, e incluso fomentadas por, la comunidad internacional y como resultado de una relativa transición pacífica. Estrictamente hablando no será el primer Estado nacido en África más allá de las querellas de descolonización porque Eritrea se unió al grupo de países que son reconocidos (porque hoy día no basta con existir) porque, después de una cruel guerra contra Etiopía, se acordó que sí había todavía razones de coyuntura colonial que eran plausibles para el caso. En lo que respecta a la posible división del Sudán, es imprescindible recalcar el adjetivo relativa en "transición pacífica" porque no podemos obviar que hasta hoy día en Sudán han muerto centenas de miles de individuos por culpa de una guerra interminable entre un gobierno dictatorial y racista y movimientos de resistencia e independencia armados en defensa propia. También, más de tres millones de personas -inocentes- son ahora refugiados a causa de esta horripilante guerra.
Antes de seguir, les cuento qué me inspiró a escribir esto hoy.

Anoche, miércoles, aquéllo que en Berlín ya no resulta extravagante sucedió. Simplemente estaba revisando un par de tableros informativos sobre los horarios de trenes madrugadores con Nicolás, el quebecoá más políglota de Berlín, cuando nuestra pequeña conversación en francés nos delató. De inmediato un señor nos preguntó -idem en franchute- si podía ayudaros en algo. Y por qué no. Resulta que sabía mejor que nosotros qué tipo de transporte nocturno tomar hacia nuestros respectivos destinos. Trajeado de negro con una camisa de cuello de tortuga y un pañuelo cuidadosamente doblado en su bolsa frontal, el señor se delató por la bandera de la República Democrática del Congo en su solapa. Un vaso de plástico que contenía vino y que incuestionablemente había provocado su ligero estado de ebriedad desentonaba con su finísimo traje. Comprendimos pronto que, después de pedir asilo político en Alemania (aunque admito que no entendí si lo consiguió o no), comenzó a trabajar para la embajada de su país en Berlín, empleo que le permite mantenerse en un bonito departamento al borde del río, en pleno centro de la capital prusiana.

Lo anterior viene a cuento por dos razones. La primera es el detalle de la demanda de asilo. La segunda, el hecho de que este amable señor pasara un miércoles en la noche "bebiéndose" el presupuesto de su paupérrima patria, lo cuál no juzgaré, pero que no deja de ser interesante para la enervante contradicción entre la pobreza de millones y el despilfarro de pocos (sin concluir necesariamente que ese fuese el caso de este señor, pero sí es el de muchos diplomáticos, hombres de negocios y chantajistas profesionales en todo el Mundo en Desarrollo).
A primera vista no hay relación alguna con el tema del Sudán y la anécdota chabacana del congolés en Berlín. No importa. Si no la hay, al menos ya se las conté. Sólo voy a precisar que los millones de refugiados que provocó (provoca) el conflicto en Sudán son una imagen clara de lo que ha sucedido en muchísimos países de África y que en muchas ocasiones una de las opciones para la gente es la solicitud de asilo en un país extranjero (y de preferencia rico, aunque no es requisito: en México DF, 48% de las personas con estado de asilado político son congoleses...). El señor del Congo nos dijo que originalmente venía del Kasaï, una provincia central de la RDC. En un descuido -pero no me animé a averiguarlo-, este señor no tiene ningún "malentendido" con autoridades de su país (es más, trabaja para su país), por lo que la solicitud de asilo quizá la haya hecho basándose en criterios socio-económicos... en fin, dejemos al congolés en paz. El asunto de los diplomáticos y demás funcionarios que se pasean por el Mundo gastándose indiscriminadamente el presupuesto nacional, aunque esté justificado -también en México nuestros diplomáticos ganan de manera inversamente proporcional al trabajo realizado-, se relaciona con la situación del Sudán porque es un ejemplo más de aquéllos sectores de las burocracias africanas que se pueden dar el lujo de saltarse todo tipo de reglas. Son completamente ilegítimos pero tienen poder y recursos (lléguenle al Neopatrimonialismo) y no pueden ser controlados por ninguna institución de su país porque sus estados suelen estar sumidos en crisis estructurales muy profundas.

Bien, vamos a Sudán. Desde 1989 Omar al-Bashir controla con puño de hierro al empobrecido país (pero cuna de reservas petrolíferas envidiables: los chinos invierten al por mayor sin preocuparse mucho por la situación humanitaria), claro está, después de un golpe militar. Para no dejar de hacer el repaso más breve del planeta sobre la historia reciente de Sudán, digamos rápido y generalizando que Al-Bashir ha gobernado para una minoría árabe (y en menor medida, para una parte de la población que es musulmana pero no árabe) y en contra de una mayoría "africana" (es decir, cientos de grupos étnicos), y sobre todo en contra de poblaciones cristianas o no musulmanas. Hay, además, tensiones entre grupos por la organización tradicional de la economía (pastoreo, agricultura, comercio y la incipiente industria petrolera). Seamos todavía más concisos y digamos que el conflicto entre ambas partes lleva, más o menos, 50 años de existencia, básicamente porque Sudán nació como resultado de un acuerdo egipcio-británico (más bien británico) que creó un enorme estado colchón en medio de la nada (es el país más grande del continente) pero que no tomó en consideración las diferencias étnico políticas de su gente.

Pero lo que importa en este pequeño texto es el futuro, así que vamos al Sudán del Sur. En el siguiente mapa hurtado a The Economist apreciarán, amables lectores, la sencilla localización geopolítica de los dos conflictos más fuertes del Sahara en este siglo XXI: Darfur y Sudán del Sur.




Sudán del Sur, con unos 650,000 kilómetros cuadrados, es casi tan grande como Ucrania (o, si prefieren , una tercera parte de México) y tiene una población que va entre los 8 y los 13 millones (comprenderán que la labor estadística en esta zona de guerra es titánica y heroica, pero poco precisa). El conflicto armado, que lleva ya muchos años, llegó a un impasse en 2005 cuando las autoridades del Sudán "grande", presionadas por una comunidad internacional pobremente interesada, firmaron con los distintos movimientos políticos y militares del Sudán del Sur un Acuerdo Comprensivo de Paz (CPA en inglés) en el que reconocían cierto grado de autonomía al gobierno de facto de la región. La complicación entre los interlocutores de Al-Bashir no es menor, pues el movimiento político (SPLM en inglés) y el militar (SPLA) no coinciden necesariamente en todo -aunque originalmente luchan, eso sí, por un Sudán del Sur independiente. La incomprensión entre ambos ha sido aprovechada hábilmente por Al-Bashir en distintas ocasiones y ha permitido el aislamiento de la región.

El ACP no garantiza, en la práctica, gran cosa. Se trata de un plan de acción conjunta (whatever it means) para transferir paulatinamente aquéllas funciones administrativas con las que Juba pueda contar. Mientras, la violencia, la pobreza, la inseguridad y la incertidumbre continúan.
Los procesos electorales nacionales, siempre amañados, han excluido olímpicamente a la población del Sur con trampas de empadronamiento, coerción y miedo. PERO hay esperanza (ya vamos llegando al meollo).


Hace relativamente poco (unos 18 meses quizá), La Corte Penal Internacional en la Haya solicitó la comparecencia del presidente sudanés. No se trata, por supuesto, de una amenaza de calibre suficiente como para poner a un líder a reflexionar -de hecho, al principio Al-Bashir se rió en la cara de los países crédulos que lo llamaban a comparecer-, pero a lo largo de los últimos meses (y sin Bush en la Casa Blanca, hay que decirlo), Bashir se ha quedado cada vez más solo y aislado. Otros países árabes son más bien críticos de sus métodos trogloditas mientras que la comunidad internacional se pregunta, ahora sí, por qué no habían intervenido antes en Sudán. El caso es que después de presiones indirectas y ciertas amenazas más concretas (como un bombardeo estadunidense en el centro del país hace poco menos de un año) el gobierno de Bashir cedió a una petición que lleva ya algunos años cociéndose: un referéndum para la independencia del Sudán sureño.

La gran noticia ha provocado cierta euforia. Es comprensible, pero sería ingenuo pensar que basta. Sin duda, si el próximo año todo sale bien, el referéndum tendrá lugar y los resultados serán positivos a la separación del Sudán del Sur. Pero los retos apenas comenzarán.

Lo que está en cuestión es la idea misa del Estado funcional en África. ¿Con qué herramientas explícitas nacerá el futuro Estado? ¿Será capaz de crear y mantener cierta infraestructura, control sobre el territorio, legitimidad ante la población? ¿Quién tomará qué funciones a cargo? Y no sólo está la cuestión "práctica". Debemos ser críticos con la tradicional aceptación de que los Estados en África deben existir y ser poco flexibles porque eso es lo mejor para el Sistema Internacional. ¿Es eso cierto? ¿Por qué debemos mantener la idea de que el Estado en sí como construcción retórica basta si la comunidad internacional no es capaz de mantenerlo en pie?

Soy partidario del Estado desde una óptica neomarxista más o menos liberal. Esto es, un Estado fuerte, legítimo, activo y eficaz que promueva y controle el desarrollo económico y humano, así como la apertura política y social total. No concuerdo con las posturas más liberales o socialdemócratas del estado regulador o vigilante. Pero eso es harina de otro costal. Lo importante es que en la discusión teórica sobre el Estado en África no podemos reducir su mera existencia a entidades que tan sólo cuentan con el reconocimiento internacional pero que son incapaces de ejercer hacia adentro cualquiera de esas cosas que dije hace un par de líneas: son ilegítimos porque no tienen control alguno sobre la actividad económica y, aunque ésta crezca, el provecho es para pocas manos; no son fuertes porque no tienen instituciones políticas ni económicas, principalmente porque desde los 80's la comunidad internacional ha insistido en que tengamos estados "espectadores" y pasivos: nada de supervisión económica; nada de injerencia en el reparto de bienes que para eso está el mercado.
Sometidos a condiciones financieras, muchos estados africanos debieron adoptar este rol de espectador ante las presiones externas. Después de ello, ni creció la economía a ritmos esperados ni se repartió la riqueza. Tampoco se democratizaron las sociedades (porque, además, el concepto de democracia ha sido pisoteado hasta reducirlo al proceso electoral y al "mercado" político).

Apreciar el nacimiento de un Estado en África como podrá serlo el Sudán del Sur el año próximo implica, primero que nada, reconsiderar qué expectativas tiene el Sistema Internacional de estos nuevos Estados. ¿Será capaz el Mundo de permitir el fortalecimiento de los Estados también en el terreno económico sin consideraciones neoliberales? Si somos realistas, no.
Un nuevo Estado en África debiera poder ser legítimo y eficaz como lo fueron los nuevos estados europeos en los años noventa. No puede ser una débil creación territorial ni "étnico nacionalista" (no hay, por ejemplo, un sólo grupo étnico que reclame la nacionalidad "sudsudanesa"). Habrá que ser conscientes de las necesidades del nuevo estado: burocracia, infraestructura, democracia, economía planificada, limitación de los agentes privados ésta...
Lo bueno, desde el optimismo que irradio (já), es que después de la crisis económica hay esperanza para creer que estamos nuevamente dispuestos a tomar en cuenta Estados activos en esos campos. No es la idea de las grandes organizaciones financieras mundiales, pero puede que sí lo sea en algunas capitales de los países emergentes, por lo que el Sudán del Sur deberá ser muy cuidadoso al solicitar ayuda y consejo. No será siempre bien aconsejado ni por unos ni por otros, pero sería cruel dejarlo a merced de los órganos financieros internacionales. Menos cruel -y espero que más adecuado- sería empujarlo a la cooperación con países grandes como India, Brasil o Sudáfrica, y a los "buenos ejemplos" de su propio continente, como Botswana, Senegal o incluso Ghana.



viernes, 7 de mayo de 2010

Hincarse al ver venir la tormenta y aún así perecer


En lo que va de 2010 los sindicatos y asociaciones civiles griegas han organizado, al menos, tres días de huelga general. Cada una de ellas implicó una pausa inquebrantable en todos los servicios públicos (y por consecuencia también en algunos privados), excepto el mínimo necesario para la asistencia -como los hospitales, por ejemplo. Llamar a huelga nacional es sin duda una tarea titánica, pero más arduo todavía es hacer de ella una realidad. Es banal, pero crítico, porque en países como el nuestro las huelgas generales son casi una ilusión. En cambio, varias veces hemos leído en la prensa que los países europeos conocen las artes secretas del paro organizado y nacional.

Sea como sea, lo que hoy lanzo al ruedo es el caso preciso de Grecia. Advierto con anticipación que de economía yo no sé prácticamente nada, pero intentaré remontar esa carencia para presentarles una breve reflexión sobre el panorama actual: una terrible crisis financiera que amenaza con aplastar a un país clave en el futuro de las finanzas europeas -y quizá mundiales- y sus implicaciones para la población.

Como leímos todos desde 2008, el "principal" problema de la economía mundial fue la hiperactividad con la que se edificaron burbujas imaginarias de crédito y valores financieros. Esa alberca de dinero -¡de mil billones de dólares!- no representaba necesariamente el valor real de los activos y pasivos de la economía del planeta. La especulación se alzó como la mayor fuente de alimentación de esta catastrófica alberca, pero fue evidentemente incapaz de detenerse a tiempo y de evitar la debacle financiera. Cuando se acabaron los créditos privados porque fueron degradados, algunos estados con importantes reservas internas salieron al rescate de sus bancos y los realimentaron con tal de que no se declararan en bancarrota. Otros gobiernos, también con grandes reservas pero con economías endebles, tuvieron que vender parte de éstas para evitar que sus divisas se hundieran (todavía más) frente a un dólar recién fortalecido -sí, México-, operación que no evitó caer 10% en la escala del PIB.

Evidentemente, ese no fue el principal problema. Sin duda habrá que repetir lo ya dicho: el capitalismo como proceso de acumulación de riquezas en el globo es responsable de desigualdades y malos repartos, además de consistir en un modo de producción expuesto a ciclos trágicos (a crisis, pues) de los cuáles nunca se repone completamente. En fin, no será el punto aquí profundizar esa idea. Vámonos a lo que truje.
En Grecia, la crisis financiera destapó una larga lista de pendientes. En primer lugar, siempre desde la óptica de las grandes instituciones financieras mundiales (liberales todas), evidenció un déficit fiscal profundo, lo cual no sólo es malo para el desempeño económico sino que, encima, atenta contra las expectativas económicas de la Unión Europea. Además del déficit presupuestal, la deuda interna de Grecia equivalía a un porcentaje elevadísimo del PIB (creo que superaba fácilmente 100%). Mientras que el déficit presupuestal, según las "recomendaciones" de la Unión Europea no debe ser mayor a 3%, en Grecia éste es de 13.6%. Prácticamente ningún país respeta el límite de 3% (en Francia, por ejemplo, el déficit fiscal es de 7,9%). Pero en Grecia el problema es presentado desde otros enfoques. Para empezar, se acusa a Atenas de permitir gobiernos irresponsables en materias de gasto (demasiado dinero en pensiones y en salarios, demasiado gasto público en general), además de favorecer la corrupción y el clientelismo. En segundo lugar, Grecia está en la mira de las instituciones mundiales crediticias, pues han observado, desde hace unos meses, que Grecia difícilmente paga a tiempo sus deudas. Resultado, la calificación de los bonos de deuda griegos han sido degradados a bonos basura. Eso ha creado, a su vez, un torbellino de miedos y nuevas especulaciones entre los bancos y bolsas europeas. Hay, básicamente, dos cosas en juego. La primera, europea, es salvaguardar la firmeza y el prestigio del Euro. La segunda, la griega, mantener el rumbo económico. Desgraciadamente, en esta segunda prioridad se mantiene marginada la preocupación social.

1) El Euro está pasando por uno de sus peores momentos. Hace muchos años que había mantenido niveles cambiarios muy altos frente al dólar y la libra esterlina, condición que mejoró las importaciones en conjunto de la UE -aunque debilitó un poquitín sus exportaciones. El turismo en Europa no decreció pese a que el Euro llegó a ser realmente prohibitivo (piensen en México: hasta hace unos meses, un Euro se cotizaba en 20 pesos; hoy día está en 16,50 y podría estar más bajo de no ser por la falta de firmeza de nuestra propia moneda que, a la primera oportunidad, pierde fuerza contra el dólar). El caso es que ahora el Euro naufraga. Y para mantener un mínimo de estabilidad monetaria y financiera en la región, los principales países salen al quite. Alemania, el principal de los principales, pasó por un proceso largo de discusión para, al final, consentir en apoyar al Euro (y ante los medios ese énfasis ha sido muy importante: "Nosotros ayudamos al Euro, por lo tanto a Europa, por lo tanto a Alemania y a los alemanes; nada de caridad y condescendencia con Grecia". De los 150 mil millones de euros que Grecia recibirá, una quinta parte viene de Berlín. Honestamente no sé qué proporción sea del resto de la UE, pero no debe ser mucho mayor, pues lo que falta lo pone el Fondo Monetario Internacional.
Y ahí es donde la puerca tuerce el rabo. Para que el Fondo Mercenario (digo, monetario) Infam..Internacional intervenga, para que se haga pasar por una hermana de la caridad, por un ángel guardián, por Superman o cualquier otro héroe de Serie B, "debe" verse en la "penosa necesidad" de exigirle a la víctima (a Grecia) que REAJUSTE todo. Ese es el punto 2)
(Breve paréntesis. Desde la ola neoliberal Thatcher-Reganita a principios de los años ochenta, el FMI se ha divertido jodiendo economías, y permitan que me ponga dogmático y poco analítico. Resulta que en distintas ocasiones el Fondo ha recomendado reajustes estructurales de las finanzas públicas de distintos países para asegurarles préstamos -a intereses bastante injustos- y, por lo tanto, líneas de crédito simpáticas a mediano plazo. El Fondo se basa comúnmente en las calificaciones que instituciones como Goldman Sachs presenta, pero también en estudios propios que, tristemente, obvian olímpicamente condiciones sociales y de bienestar muy importantes. El Fondo suele recomendar recortes del gasto público en sectores tales como educación y salud, pensiones y salarios, infraestructura básica e investigación con el objetivo de ajustar los balances de gasto y deuda. El argumento que siguen es que con números bonitos un país puede negociar más y mejores préstamos -y hundirse en el remolino de deudas que siempre irán in crescendo. México es una víctima recurrente: hoy día tenemos una línea de crédito sana y confiable, pues hemos hecho todo lo posible por caer en picada cada que hay crisis: subir impuestos, subir precio de gasolina, subir precio de tantas cosas. Claro, la gente puede estar muriéndose, pero ¡Tenemos crédito!).

Ahora sí,
2) De forma muy escueta, dividamos el panorama político griego en centro derecha (que gobernó durante los últimos años), centro izquierda (que está a la cabeza del gobierno actual desde hace unos ocho meses con Giorgios Papandreus), derecha nacionalista o extrema derecha y, finalmente, izquierda o izquierda radical. Como en casi todas las democracias actuales, los postulados de los dos partidos más grandes, tendientes al centro, suelen coincidir. Quizá sea más una percepción que una realidad, pero eso no evita la idea subjetiva entre los griegos de que ambos partidos (centro izquierda y centro derecha) han sido profundamente irresponsables durante los últimos años en materia financiera. Si alguien tiene que resolver el asunto, son ellos. Esa unidad entre ambos partidos, repito, quizá sólo en la percepción colectiva, se disolvió recientemente, al punto que cuando el parlamento griego votó (y aceptó) recibir el paquete financiero de la UE y el FMI, el partido de centroizquierda (PASOK) no contó con los votos del centroderecha, quien curiosamente votó en la misma dirección que la izquierda.
Pero, ¿qué implica este famoso plan de rescate financiero? ¿Cuál es realmente el problema? Primero que nada, debemos coincidir en un punto: las finanzas griegas están hechas mierda desde hace un par de años. La crisis fue inclemente, cierto, pero también hay una larga historia de corrupción e irresponsabilidad presupuestaria. Hay algunas características de la economía griega que son quizá poco modernas: la edad de pensión es a los 60 años para las mujeres y 65 para los hombres, llegando incluso a los 45 para algunos burócratas. En corrupción desaparecen uno 750 millones de euros al año y la cantidad de burócratas es tan grande que incluso es incierta (conocemos esas historias en México también). Por distintas razones, Grecia ya no tiene dinero. Bien, aceptemos esa realidad. En seguida, ¿qué proponen las instituciones externas?
El FMI aprovecha la precaria condición de Grecia, su estado de crisis, para arrojarse sobre ella y destrozarla. Es básicamente un procedimiento común: "Hola, me llamo FMI y te puedo prestar muchos millones. Sé que fui creado con objetivos de desarrollo y reducción de inequidades entre los países, pero esos tiempos quedaron atrás y ahora me interesa trabajar como cualquier banco. Te prestaré entonces tantos millones pero con condiciones lapidarias y, además, te exigiré que remodeles a mi gusto tu sistema financiero y monetario. ¿Injerencia en tu soberanía económica? Puede ser, pero te garantizo que no tienes opción". Consecuencia, el partido en el poder se ve obligado, si seguimos su propia argumentación, a aceptar los dineros del Fondo y de la Unión Europea, a sabiendas que NO están trabajando como supuestamente deben hacerlo, sino que aprisionan a Atenas con altísimas tasas de interés -sólo por poner un ejemplo, de los 150 mil millones de euros que prestarán ahora, 9 mil millones tienen que volver en un mes, y eso es sólo ¡intereses!.

¿Qué implica el plan de reajuste? (Según lo que leí en Le Monde)
Intentemos hacer una lista.
-Eliminar lo que en México conocemos como aguinaldo y, además, suprimir el 13° mes de salario en la jubilación -momento en el que la pensión es menor al salario convencional, pues ya sufrió una rebaja de 16%.
-Incrementar el IVA a 23%. Someter la gasolina a un impuesto extra de 10%, tasar tabaco y alcohol.
-(Esta me parece muy grave) Eliminar la ley que prohibía a las empresas privadas despedir a más de 2% de su fuerza laboral en un periodo dado (generalmente un mes). Significa que si una empresa quiere, podrá expulsar a 25% de sus empleados.

El plan de reajuste mina las facultades del estado griego para garantizar un mínimo de empleo y seguridad social (pensiones) a su gente. Además, el Estado reducirá gastos en tantísimos sectores como le será posible MENOS en defensa. Y esto es algo impresionante: el FMI y la UE no exigieron en ningún momento que el ejército griego fuese sangrado, situación crítica si consideramos que de todos los países europeos de la OTAN, Grecia es el quemayor porcentaje del PIB destina a defensa.
Además, el FMI no insistió en un impuesto extra a los más ricos o a las empresas privadas cuyas ganancias se cuentan en millones de euros.

Y claro, la población salió a manifestarse. Aunque una parte de la opinión consideraba que el gobierno estaba maniatado y que, si no tenía un centavo en las arcas no podría hacer nada, gran parte de la población coincide en que este plan de reajuste es una nueva prisión para Grecia. Se trata de un acuerdo que hundirá al país en una mayor espiral de deudas.
La gente salió a las calles. Hubo paros generales, manifestaciones pacíficas, escenarios de violencia, tres muertos, marchas del silencio... por todos lados y de muchas maneras la gente criticó la decisión de su gobierno. Adiós a la soberanía fiscal, adiós a una cierta calidad de los servicios y garantías públicos.

La crítica quizá no sea únicamente dirigida al gobierno. Si es cierto que no tenían opción porque las arcas estaban en ceros y ya no quedaba tiempo para reformar independientemente el sistema fiscal y demás, entonces se entiende que hayan aceptado el pacto. Pero estamos hablando de un pacto que olvida los mayores impuestos a los ricos, a las grandes empresas y a los bancos. Es un pacto que no tiene propuestas alternativas para la continuidad de servicios públicos. Es un programa de reajuste que quiere tener números presentables en la macroeconomía pero que no es capaz de garantizar éxito a nivel micro.
Podemos acusar al gobierno griego por aceptar tremenda carga. Pero también debemos ser críticos contra las instituciones financieras que, sin escrúpulo alguno, formalizaron tal plan de reajuste pasándose por el arco del triunfo sus responsabilidades iniciales. ¿Por qué actúan tal cual como casas financieras y no como organismos de fomento al desarrollo?
La herencia del consenso de Washington persiste. Y lo peor es que la gran crisis mundial de 2008, de la que intentamos salir, no pareció servir de lección. ¿Se repetirán infinitamente los mismos errores? ¿De verdad no hay remedio contra la peste neoliberal de nuestros tiempos? ¿Dónde están Keynes y Marx cuando se les necesita?

domingo, 2 de mayo de 2010

Primero de Mayo en Berlín





Todo salió bien, incluso como previsto. Cada año las organizaciones socialistas, comunistas, autonomistas, antifascistas y anarquistas se manifiestan en Berlín, el 1ero de mayo, exigiendo un cambio radical del sistema económico internacional capitalista. Algunas reivindicaciones paralelas, como el autogobierno en Kreuzberg (barrio berlinés que es siempre el escenario principal de esta marcha) o la prohibición de partidos y organizaciones neo-nazis, acompañan la gran manifestación. Por otro lado, Kreuzberg se vista de fiesta ese mismo día, y todo ello por diferentes razones que aquí van.

Durante la época del bloqueo total de Berlín por los soviéticos en 1947, tiempo durante el cuál los gringos y británicos organizaron el famoso puente aéreo que proveió de bienes a Berlín del Oeste, Kreuzberg quedó relegado como vieja barriada obrera y recibió relativamente poca atención. Resulta que Kreuzberg, aunque siempre fue Berlín del Oeste, está geográficamente "apeninsulado" en Berlín del Este. Por tres de sus cuatro bordes estaba rodeado por el Muro. Su población, siempre obrera antes y durante la Segunda Guerra, fue rápidamente mezclándose con las nuevas olas de inmigrantes que arribaron a Berlín a partir de 1960. Turcos en su mayoría, pero también ex.yugoslavos, griegos, búlgaros, polacos y, poco a poco, árabes y rusos.
Kreuzberg, desde entonces, es un barrio multicultural, "pobre" y dinámico. Es hogar también de viejos "sesentayochistas" y hippies trasnochados, así como de intelectuales radicales (a izquierda, claro), estudiantes comprometidos y artistas alternativo-pedantes.
Ese cóctel es explosivo. Todos los años se organiza una gran marcha que exige un cambio total de los valores y preconizaciones económicas. Una buena parte del grupo está genuinamente compuesta por gente a la izquierda, digamos que en su mayoría politizada. Y no me refiero a esa izquierda que no es izquierda porque está muy al centro o muy poco comprometida (la socialdemocracia de hoy), ni tampoco a esa que no lo es porque se quedó en el viaje equivocado (los estalinistas dictatoriales, poco marxistas y nada sensatos). Me refiero a esa izquierda más o menos comprometida y sincera. Socialistas, demócratas sociales (de antaño, i.e, no de los partidos políticos de hoy), anarcosindicalistas y uno que otro grupo idealista de antifascistas.
Bien, pues todos ellos destacan por una participación pacífica y coherente. No al capitalismo, no vamos a dejar tampoco que se privaticen (vendan) los edificios de la zona y sus departamentos; exigencias de trabajo justo para todos y en todos lados, fin al neocolonialismo de las transnacionales, fin al experimento financiero capitalista que dio origen a la crisis... Por todos lados llegan exigencias y demandas profundas contra un sistema que todos sabemos cuánto ha fallado.
Lo "radical" de la protesta lo encabezan pequeños grupos anarquistas con pretensiones de guerrilla urbana. Su exigencia número uno es poner fin al uso del poder por parte del Estado mediante la policía, ergo, su blanco principal es ésta. El ataque nunca es paritario (los polis van armados, la gente no), y es más bien una breve escaramuza que se prolonga en la medida en que no haya heridos graves: si llegase a haber policías gravemente heridos, o muertos, todo terminaría en un santiamén, quizá con mucha violencia de por medio.


Esto fue lo que pasó ayer.


Todo comenzó mucho más temprano que de costumbre pues, por primera vez desde 2004, los grupos neonazis organizaron una manifestación en el norte de la ciudad.
El punto de reunión, a las nueve de la mañana, al que confluyeron los distintos grupos antifascistas y ciudadanos de a pie, fue un alegre andén de metro. Ahí llegué yo puntual para hacerle frente a la incontestable realidad: a casi ningún estudiante de intercambio en Berlín le interesa bloquear nazis. Ahí nos repartieron información más o menos precisa sobre la ruta que pensaban seguir los neofascistas y de los puntos de bloqueo planeados. Fue interesante constatar cómo la organización de una marcha en Berlín es tan sencilla y a la vez precisa. Nada de grandes ladridos desde alguna tarima para convocar a los acarreados: más bien, familias, jóvenes y hasta gente mayor que confluyen por voluntad propia. Tomé solo el metro (aunque solo es un decir, pues había unas cuatrocientas personas conmigo que iban a la manifestación) hasta la estación en cuestión. Ahí encontré al buen Nicolás, canadiense políglota y estudiante de intercambio, igual que yo, que junto con algunas chicas francesas que luego nos alcanzaron confirman la excepción a la regla antes mencionada.Pronto se dividió la marcha en distintos grupos de tal suerte que pudiésemos todos intentar bloquear, desde puntos distintos, la marcha nazi. Antes de continuar, habrá que hacer un breve paréntesis. Es cierto que aquí en Alemania la gente se refiere indistintamente a los grupos de extrema derecha como nazis, neonazis o fascistas, pero hay que precisar un par de cosas.
1) La Constitución alemana prohíbe el uso de símbolos y eslóganes de la época nazi y, por lo tanto, es ilegal manifestarse por las calles con esvásticas, cruces gamadas o demás símbolos hitlerianos. Sin embargo, las nuevas organizaciones de extrema derecha, con nuevas banderas y nuevos nombres, tienen igual derecho a manifestarse como cualquier otro grupo social o político. Su demanda principal, utilizando también el primero de mayo, es el respeto al "trabajo alemán", lo que significa sin mayores rodeos que pugnan por leyes antiinmigrantes, por diferenciaciones estrictas entre alemanes y extranjeros y por un estado de excepción que aisle a los migrantes. Son grupos tremendamente intolerantes y violentos, pues en distintas ocasiones agreden a jóvenes de origen extranjero, a punks y a gente que se vea más bien de izquierda.
2) Hay un debate ético que se impone. ¿Es correcto entonces permitir manifestaciones de estos grupos? Basándonos en la democracia alemana, sí. Es importante que todo grupo social tenga derecho a manifestarse y expresarse, y eso no tiene vuelta de hoja. Lo que sin duda queda en suspenso es determinar qué derecho tienen otros grupos sociales para intentar bloquear una manifestación. Ahí es donde la puerca tuerce el rabo. Por un lado, la derecha argumenta que no tenemos ningún derecho en bloquear una manifestación de los radicales porque no están siendo violentos, y que si en todo caso llegasen a serlo, entonces la policía intervendría. Sin embargo, su propia organización política y social es violenta, aunque sea de manera pasiva. Son intolerantes e irrespetuosos frente a extranjeros y frente a grupos de izquierda. La izquierda reclama el derecho a bloquearlos justamente por que sus demandas son violentas, aún si la forma de exigirlas no lo sea (al menos en el caso de la manifestación).

Bien. Recién dividido nuestro grupo en dos distintos, emprendimos la marcha hacia donde eventualmente teníamos que organizar un primer bloqueo. Corrimos un poco para intentar llegar antes de la policía que ya bloqueaba todas las entradas a la avenida por la cual se manifestarían los nazis. Debimos, por lo tanto, hacer un primer rodeo de un par de cuadras (en lugar de caminar directamente por la avenida en cuestión) hasta llegar a una avenida con camellón que desembocaba en la que usarían los manifestantes neonazis. Nuestro grupo era variopinto: familias, ancianos e incluso un par de políticos del partido de izquierdas (Die Linke). La mayoría, sin embargo, éramos jóvenes de entre 15 y 30 años, muchos vestidos de negro y con intensiones de presión/resistencia un poco más rudas que las de una simple marcha. Así pues, en ese primer punto improvisamos en dos segundos una barricada minúscula con rejas que originalmente servían a la restauración de un edificio cercano. Algún imbécil prendió fuego a un poco de basura y se aseguró de que fuera una flama grande y constante. Otros corrieron a provocar con palabras a los policías para obligarlos a correr hacia la "barricada". Éstos respondieron y lograron empujar al suelo a un par de individuos más bien despistados (los que habían provocado o puesto fuego fueron más veloces en la retirada). Ese tipo de operaciones o "escaramuzas" se repitió varias veces a lo largo de la mañana.
El grupo debió seguir buscando por otras calles la manera de llegar a la mentada avenida y bloquearla. Sin embargo, pronto fue evidente que la mejor táctica sería hacer plantones relativamente amenazantes en los linderos de esa avenida para que los policías se vieran obligados a bloquearla, evitando cualquier enfrentamiento de nuestra parte contra los nazis. Así, cada que íbamos corriendo por las callejuelas que podían conducirnos a la avenida de los nazis íbamos forzando bloqueos por parte de la policía, lo que impidió, al final de cuentas, que los nazis llegaran lejos.
En concreto y para no hacerles el cuento largo, después de algunos momentos de actividad que se alternaban con pausas aburridísimas e incertidumbres babosas, el grupo se asentó en el cruce de dos grandes calles donde nos encontramos con muchos otros grupos. Ahí, unas dos mil personas impedíamos que policías o nazis intentaran forzar la marcha. Hubo música y las panaderías y demás tiendas del cruce hicieron su agosto. Pronto fue casi verbena popular y confluyeron los vecinos de la zona, lo cuál pronto diluyó el color negro predominante de los manifestantes originales. Eso fue como a las 11.30 am. Entre esa hora y las 14.30 estuvimos esperando a que llegara más información. Finalmente supimos que los otros bloqueos habían sido igual de exitosos que el nuestro y que la policía se había visto obligada a poner fin a la marcha de los nazis. En total eramos 10,000 en los tres o cuatro distintos bloqueos... y los nazis nunca fueron más de 600. Yo nunca vi uno sólo. Cuando vi las fotos esta mañana en internet descubrí que los nazis marcharon siempre rodeados y vigilados por la policía. Queda la pregunta: ¿por qué chingados la policía los protege desde el principio? Quizá es tan sencillo como porque son enorme minoría y temen que de veras les caiga encima una marabunta.

Todo eso fue medio excepcional. Lo que cada año siempre sucede, en el famoso Kreuzberg, empieza más tarde.
Nosotros fuimos ahí por ahí de las 15 horas y aprovechamos de la fiesta (en su mayoría turca) que se organiza en el barrio. Muchas calles quedan peatonales y hay vendimia de todo tipo de comida turco-berlinesa (muy buena), cervezas y música para todos los gustos. Nos fuimos a aplastar a un pequeño jardín cerca de donde la comunidad kurda bailaba al ritmo de la música de un kurdo retefamoso (para ellos; yo ni idea tenía de quién era). Ver la forma en que la comunidad turca se organiza y comporta en Berlín me ha provocado muchas reflexiones y comparaciones con los migrantes mexicanos en EU. Eso ya será materia de post posterior.
En esa farra callejera comimos y bebimos, importante preludio a la mística marcha.
Esta vez 20,000 personas manifestamos por las razones que les mencionaba arriba. Los métodos son iguales que en todos lados: pancartas, banderas, insignias, gritos al estilo "alerta!, alerta!, antifascista!" y demandas más concretas en contra del capitalismo. No fue una marcha larga: en una hora habíamos terminado y poco a poco una buena parte de la gente se fue dispersando. Seguimos, un poco por curiosidad y un poco por distracción, a los grupos anarquistas. Ahí es donde la cosa se pone más caliente. Estábamos todos a la espera en un pequeño parque triangular, bordeado siempre por edificios. En su parte sur, por donde llegó la manifestación original, pasaba una calle perpendicular. Al norte, una sola pequeña salida daba a otra calle y a un segundo parque amurallado. Esa pequeña desembocadura fue el primer escenario de la violencia. Grupos anarquistas y autonomistas encararon a unos policías que no querían dejarlos pasar más allá de esa callejuela. Pronto hubo empujones y de volada comenzaron a sonar las botellas estallándose en el suelo o en los escudos y cascos de los polis. Repliegue total de fuerza: unos cincuenta policías corretearon, en etapas, a los ahí presentes. Varias veces corrían y regresaban contentándose con golpear a uno o dos de los manifestantes. Cada vez regresaban los anarcos y volvían a lanzar botellas y petardos.
Nosotros no nos refugiamos ni nos involucramos. En algún momento estaba yo un poquitín expuesto y me empujó un policía, pero por ningún motivo iba yo a ser llevado por estos sujetos a los separos. Por nuestra parte, después de este enfrentamiento más o menos violento, en el que algunos salieron sangrados y otros de plano no volvieron porque se los llevó la tira, esperamos a que se replegaran los anarcos de nuevo hacia el sur. Poco a poco, como una avanzada militar que va ganando terreno, los policías ocuparon la plaza, se aseguraron que no quedara ningún individuo violento, y se fueron a perseguir a los anarcos más al sur, allá donde la lucha siguió algunas horas pero yo ya no me enteré de los detalles.



Yo pude haber tomado esa foto... pero no llevaba cámara. Vi a ese sujeto por atrás y luego cómo lo atrapaban y se lo llevaban.

En esta plaza nos quedamos aprovechando que los cafés de ésta sacaron a la ventana bocinas, invitaron a un DJ y armaron la fiesta en la calle. Al principio fue chistoso pues la gente se ponía a bailar sin mayores reparos mientras todavía pasaban policías por la plaza. Después, sin más, la plaza fue una sola fiesta. De vez en cuando pasaba algún policía en camino al reagrupamiento con los suyos, pero nada más.
Yo me fui temprano (como a las once de la noche), pues llevaba ya como 14 horas de pie (quizá con una o dos de pausa) y también varias en marcha o carrera. Cuando le caí hacia la estación de metro más cercana descubrí que la manifestación y su consiguiente episodio de violencia había pasado casi desapercibido por la mayoría de los presentes. La calle principal que daba al metro estaba repleta de gente festejando no sé qué. Todos los bares a reventar, todos con música en las ventanas para los que preferían beber afuera. Era la continuación del Mai Fest que empezó como una verbena callejera y terminó en algo parecido al cervantino.
El terreno de batalla quedó atrás. Allá estaban las botellas rotas, los intentos de barricada y los dos o tres botes de basura incendiados. Allá seguían los polis apaleando gente desarmada. Pero la gran mayoría de Kreuzberg estaba de fiesta.


A partir de las nueve de la noche había que ir buscando los lugares de enfrentamiento. Este fue el último que vi en el que incendiaron los botes de basura.

Las posibles reflexiones, en breve.
1) Resulta que ha sido uno de los 1eros de mayo menos violento. Relativamente poca pelea y pocos presos. Los polis, un chingo, no armaron taaanto desmadre. Eso yo no lo puedo comparar pues no he estado ahí antes, pero sí puedo creer que con respecto a lo que me han contado de ediciones anteriores, esto estuvo leve.
2) ¿Por qué siempre hay tantos policías en las manifestaciones? Las respuestas son quizá obvias: porque nadie confía en la acción colectiva; porque las masas son peligrosas; porque se trata de gente de izquierda; porque dentro del grueso de la marcha hay gente con intensiones medio gruesas, como lanzar botellas, cócteles molotov y demás. Sí, lo sé. Sin embargo, no deja de ser criticable. Los policías van vestidos como verdaderos robocops con armaduras de plástico, guantes duros y cascos. Llevan armas y gases lacrimógenos. ¿Están ahí para garantizar la seguridad de alguien o algunos o están ahí para amenazar e intimidar? ¿Qué pasaría si en una manifestación que inicia siendo pacífica no se presentara un sólo policía? ¿Habría igual violencia? ¿Contra quién se dirigiría?
3) La cuestión evidente que nos patea a todos los idealistas. Las marchas contra el capitalismo sirven de nada. Cualquier banquero, empresario o lo que sea que vea una manifestación que exige el fin del capitalismo reiría. Y no por los argumentos gastados de "la gente lleva tenis adidas" o porque van bebiendo "jugos en envases tetrapack que son un monopolio", sino porque evidentemente no es con una marcha de 20,000 personas que se va a lograr algo. Si estamos conscientes de ello, ¿sirve de algo incendiar patrullas? ¿Entonces cómo le hacemos?

miércoles, 28 de abril de 2010

El gol del honor

Sé que hay quizá cosas más importantes que decir ahora: podría estar escribiendo sobre la ley anti-inmigrantes de Arizona o la fatal crisis política belga (otra vez). También podría relatarles alguna experiencia germana reciente -pero no será así.
Tan sólo porque tengo poco tiempo y porque me parece que incluso al enemigo hay que aplaudirle sus aciertos, reflexionaré en breve sobre la nueva restricción legal/jurídica que el Senado mexicano le aplicó ayer al ejército. Vaya, un gol a favor.
Desde el siglo XIX el presidente de México tiene la facultad de convocar a las fuerzas armadas para proteger la seguridad e integridad del país. Una cláusula constitucional así parece muy lógica y comprensible, sin embargo es de lo más confusa. ¿Qué afecta a la soberanía del Estado? ¿Guerras, intervensiones, conquistas... Narcos, guerrillas, movimientos sociales, manifestaciones? ¿Lo ven? No queda nada claro cuáles son los ámbitos en los que las fuerzas armadas pueden intervenir.
Afortunadamente, eso cambió recién ayer. Prácticamente por unanimidad, el Senado aceptó modificar las particularidades de la Constitución que hacen referencia al "uso" del ejército. Ahora queda explícito que el Presidente NO puede acudir a las fuerzas armadas para control, represión o disuasión de movimientos sociales, organizaciones civiles, manifestaciones pacíficas y demás.
Para efectos de esta nueva aclaración constitucional, es muy importante que diferenciemos enetre movimientos sociales y crimen organizado, y esto por dos razones:
1. La nueva ley (si queremos llamarla así) no excluye la participación del ejército contra la fatídica guerra contra el Narco. Es quizá baladí, pero en el contexto nacional sigue siendo claro que el Narco y en general todo el crimen organizado es una amenaza nacional. Yo todavía no estoy seguro de que sea una amenaza al Estado y tampoco pienso que sea exclusivamente una amenaza a la sociedad. Por eso, "amenaza nacional" me parece más justo (aunque quizá ambiguo). En suma, los políticos reconocen que el ejército seguirá implicado en la lucha contra el narco AUNQUE han reconocido también que hay que delimitar con precisión sus funciones. Por ejemplo, la necesidad de controlar el rol militar en actividades de caracter policíaco.
2. Otra razón se deriva del aspecto "humano" de esta ley. Ahora queda estipulado -o al menos queda abierto el camino para- que los militares que en sus operaciones contra en narco/crimen org. atenten contra civiles (contra sus derechos humanos o contra su persona) serán/sean juzgados por tribunales civiles y no castrant...castrenses. Importante porque, aunque no le quita el maldito fuero a los milicos (y eso es algo por lo que se peleó Pablo Gómez), permitirá que en casos específicos los militares rindan cuentas como debe ser.

Me parece que es un gran acierto, entre otras tantas razones, porque el gobierno mexicano debe comenzar a reflexionar sobre qué hará después: independientemente de que "gane" la "guerra" contra el narco o no, debe quedar claro -creo- que el ejército NO puede quedarse en las calles o movilizado como está. El enorme riesgo es que la historia ha demostrado -y no sólo en México- que un ejército recién movilizado se muestra férreamente renuente a su re encuartelamiento. A Calles y a Cárdenas les costó mucho trabajo (aunque ahora se cuente casi como anécdota).
En concreto, es importante preveer qué hacer con los milicos (y pronto). No se quedarán en las calles de las ciudades fronterizas y no podrán seguir realizando funciones policíacas. Eso sería lo ideal.


Sea como sea, el Sub-comandante Marcos ya dijo hace mucho tiempo de qué se trata. "El mayor objetivo de todo ejército, la razón por la que con más fuerza luche, debería ser su propia desaparición".

viernes, 9 de abril de 2010

Partamos de nuevo

Poco antes de que la revolución cubana cumpliese una década, uno de sus protagonistas elementales, el Che, murió asesinado en Bolivia. Doscientas mil teorías trágicas y estúpidas apuntan a Fidel Castro como responsable. Qué aberración. Sin embargo, no fue casual que el Che estuviese en ese entonces en Bolivia y no sentado en algún cómodo despacho de algún ministerio en la Habana. Ernesto Guevara y Fidel Castro ya habían discutido de manera profunda y divergente acerca de los temas fundamentales de la Revolución, de sus objetivos y sus resultados hasta entonces obtenidos.
Nunca se ha explotado demasiado la fractura entre ambos personajes como veta para minar con más críticas al régimen castrista. Quizá porque no ha sido necesario -porque quizá no sea cierto que hubo tanta tensión entre ambos-, pero quizá también porque ha sido perfectamente opacada por tantos otros episodios de discordia entre prominentes figuras cubanas.
Me explico. Muchísimos ex-revolucionarios han tomado la vía de la oposición democrática, la del conformismo consumista estadunidense, la del radicalismo derechista de Miami o la de la crítica endeble pero constante desde dentro. De entre esas cuatro vías generales, la segunda y la tercera son deleznables, excepto quizá en el caso de sujetos como Carlos A. Montaner y otros disidentes que se vieron en la penosa necesidad de huir de Cuba porque su pellejo corría peligro. Son deleznables porque han abrazado incondicionalmente a otra dictadura, la del capital (y no me quiero ver dogmático: aceptemos que es una dictadura, quizá más suave y más llevadera que la de los Castro, pero dictadura a fin de cuentas). Lo rescatable es que algunos han mantenido posiciones críticas balanceadas y ciertamente fundamentadas. A lo que voy es que ha habido muchos (y quizá hay cada vez más, o al menos salen con mayor sencillez a la luz) casos de personajes cubanos que critican con amplio fundamento a los Castro. Incluso desde dentro, si bien siempre de manera atemperada, individuos como Pablo Milanés se han mantenido a distancia del proyecto cien por ciento fidelista. ¿Las razones? No debemos enumerarlas, pues son por todos sabidas. Digamos tan sólo que en Cuba, desgraciadamente, las cosas no van tan bien como insisten los Castro. Y lo importante, me parece, es que ese tipo de inconsistencias sean reveladas por la gente que está dentro y que es cercana a lo que de veras sucede en la isla. No podemos confiar de las visiones externas que son también muy tajantes siempre por sus fundamentos anticastristas y antiizquierdistas. La Revolución Cubana sí ha cumplido y ha logrado mucho, de eso no debe quedarnos la menor duda. Que sea exactamente el modelo más adecuado para seguir adelante es un punto que, sin duda, debemos discutir.

Hoy leía en El País un texto que me pareció interesante. Resulta que Silvio Rodríguez y Carlos A. Montaner se han carteado recientemente de manera algo cruda pero siempre cordial y han discutido viejos tabúes y viejas cuentas pendientes de la historia reciente en Cuba. Hace ya algunos días Sivio R. externó cierta preocupación por el rumbo que sigue la Isla, entre otras cosas a raíz de la muerte de Zapata, preso político del régimen que hizo una maratónica huegla de hambre y falleció. Que gente como Zapata o Montaner (o la hermana incómoda y pérfida de los Castro que vive en EU) critiquen al régimen parece normal y hasta importante (bueno, lo de la señora Castro es más bien molesto y trágico, sobre todo porque carece de argumento lógico alguno). Pero que gente como Rodríguez y Milanés comiencen a hacerlo, aunque sea tímida y lentamente, debería llamarnos más la atención. Grosso Modo, hay dos formas de verlo. La primera es que no sean más que un par de oportunistas que, al ver llegar el fin biológico de los Castro quieran, ahora sí, erguirse como paladines de la democracia que se viene en Cuba. Me parece que no va por ahí (y si así fuera, quemo mis discos). Ciertamente habrá muchos que así actuarán, gente que ahora se dice incondicional y que en un par de años o cuando todo cambie (porque todo va a cambiar, creo) darán la vuelta más ojete y maricona de sus vidas.
La segunda opción es que esta gente empiece a evidenciar esos puntos fatídicos del sistema político cubano de hoy con el interés claro de defender un modelo socialista, no de derribarlo. Eso sería, sin duda, lo ideal, porque si Cuba siguiese un camino similar al de otros países comunistas, como Rusia o Ucrania, por ejemplo, perdería de la noche a la mañana su excelente sistema educativo, su infraestructura para salud e investigación y su virtud cultural y hasta deportiva. Una crítica desde adentro pero consciente de los enormes logros de los últimos 51 años de gobierno en Cuba puede ser esencial incluso para cambiar el rumbo del proyecto socialista, pero nunca para aniquilarlo.
Quizá tendrán razón quienes digan que es ya muy tarde para rectificar el rumbo. Lo dirán basándose en argumento económicos complicados o en realidades geopolíticas que no podemos obviar (aunque nos gustaría). Sin embargo, no voy a desistir en mi intento por justificar porqué un modelo de sociedad socialista (y reitero que es sociedad y no gobierno, al menos en el caso cubano) sigue siendo la opción adecuada.
Seamos francos: pocas sociedades en el Mundo son tan variopintas y pacíficas como la cubana. Es triste, sí, que haya una fachada aterradora de prostitución y miseria cuando uno como turista se pasea en el Malecón de La Habana. Pero no podemos olvidar que los niveles de alimentación (ni digamos salud y educación) son bastante buenos para un país pobre como Cuba. Entre otras razones, me parece que esto sigue explicándose por el compromiso social que tienen los cubanos. Es una especie de conciencia colectiva de que, pase lo que pase, están juntos en el mismo barco.
Otro argumento es el del ejemplo latinoamericano (aunque quizá cae ya en desuso). La sociedad cubana sí vive en una dimensión más o menos socialista (bueno, vivía hasta los noventas; ahora las desigualdades no paran de crecer, desgraciadamente) que difiere radicalmente del desastre de desigualdad e injusticia en el que está sumido el resto del continente. La Venezuela de Chávez ha tenido muchos problemas para acercarse a ese problema; los modelos económicos y sociales de México, Chile o Colombia no dejan de ser extremadamente inequitativos y desbalanceados. El ejemplo Cubano sigue siendo el de una población multiétnica relativamente pacífica y fraternal.

El modelo comunista cubano fracasa económicamente, eso parece ser una idea compartida. Sin embargo, no hay razón para pensar que está sufriendo más que cualquier otro sistema económico en cualquier otro país de características similares: si el socialismo se implementó confiando en expectativas elevadísimas, entonces sus detractores explotan ese defecto para decir que, en todo momento, es fallido. Por su parte, el capitalismo dejó hace tiempo de hacerse esas ideas fabulosas y ahora es más cínico: pobreza habrá siempre y desigualdad también. El nivel de ingreso cubano per cápita no es más bajo que el de la media latinoamericana y su índice de desarrollo humano es más alto que en la mayoría de los países del continente.
Reconozco que sin duda lo peor ha sucedido en los últimos años, tiempo durante el cuál sí ha comenzado a desmoronarse la ilusión económica cubana. Pese a ello, quisiera seguir cuestionando la idea de que lo que necesita la isla es un giro al "capitalismo democrático" para salvarse del atraso y la pobreza. ¿Cuántos países del continente han salido de la pobreza gracias a un sistema así?..... Ya decía yo. De todos modos, Cuba deberá demostrar que, en todo caso, su sistema político puede democratizarse sin recurrir a sangrías librecambistas. Si no lo hace, la experiencia rusa y ex-comunista en general rondará como fantasma con sus mismos graves errores y sus catástrofes sociales.